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PONCE, Puerto Rico — Jazmín Méndez ha vivido gran parte del año pasado en la oscuridad: sin luces para leer, sin alimentos fríos en el refrigerador y sin televisión para sus tres hijos.

Cuadrillas de trabajadores han reparado en vaivenes la red eléctrica dañada por las tormentas en Puerto Rico a lo largo de los últimos once meses, pero no habían logrado que encendieran las luces en la casa de Méndez, ubicada en la punta de un cerro. Hasta esta semana que le dijeron que sería una de las últimas casas suministradas por la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) en tener electricidad de nuevo.

“Lo primero que haré es agradecerle a Dios”, dijo Méndez mientras estaba sentada en su sala rodeada de hieleras, jarras de agua y tanques de gasolina. “Primero, me deprimí. Ahora ya nos acostumbramos tanto que no hay duda de que, si llega otro huracán, pasaremos la prueba”.

Ha sido una larga espera para Méndez, de 44 años, quien encarna las muchas preocupaciones que la población de la isla sufrió después del huracán María.

Charlie Colón, pareja de Méndez, vierte agua hirviendo en un balde para el baño de los niños. A la derecha, Méndez prepara a los menores para su primer día de escuela. CreditÉrika P. Rodríguez para The New York Times

Colón intenta prender el generador eléctrico afuera de su hogar. CreditÉrika P. Rodríguez para The New York Times.

La tormenta arrasó con las tuberías que transportaban agua fresca a su casa, en un vecindario rural de Ponce. Le robaron su generador el año pasado, y no fue sino hasta hace dos semanas que consiguió un remplazo, cortesía de una iglesia local. Partes de su techo de zinc salieron volando y ahora hay goteras, pero algunos problemas con sus escrituras la descalificaron para el programa de ayuda de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por su sigla en inglés). Utilizar agua de lluvia sacada de barriles hizo que Méndez contrajera una infección renal por agua contaminada, por lo que estuvo en el hospital casi tres meses.

Después de gastar 3200 millones de dólares, de levantar cerca de 52.000 postes eléctricos nuevos y de extender 9600 kilómetros de cable, el sistema eléctrico de Puerto Rico no está en mucho mejores condiciones de lo que estaba antes de que María le quitara la electricidad a todas las casas y negocios de la isla.

Incluso ahora que los últimos clientes recuperaron la electricidad, deberán desembolsarse muchos miles de millones de dólares más para reconstruir el sistema y fortificar las líneas de transmisión que han estado tan desgastadas y han recibido tan poco mantenimiento que, cuando ocurre un percance, la luz puede irse en toda la isla.

El nuevo dirigente del servicio de electricidad calcula que hasta un cuarto del trabajo que se realizó a prisa para iluminar a Puerto Rico después de la tormenta deberá hacerse de nuevo.

“Hay muchos parches —demasiados— que se pusieron solo para darle electricidad a la gente”, dijo José Ortiz, el nuevo director ejecutivo de la autoridad de electricidad, conocida como PREPA. “Ahora debemos reconstruir todo eso”.

La AEE aún necesitaba completar reparaciones en cinco líneas de transmisión, doce subestaciones y tres centros de transmisión. CreditÉrika P. Rodríguez para The New York Times

Trabajos en el vecindario de Barrio Real, en Ponce CreditÉrika P. Rodríguez para The New York Times

Michael Byrne, el coordinador federal de recuperación de desastres en Puerto Rico, dijo que la tarea de la AEE ahora es diseñar y construir un sistema resistente de transmisión y distribución que pueda soportar mejor los problemas grandes y pequeños.

“Hemos estado sobrevolando esta isla con helicópteros durante once meses, extendiendo nuevas líneas eléctricas y colocando nuevas torres”, comentó Byrne. “Así que el nivel de esfuerzo ha sido histórico. Pero eso solo fue para arreglar lo que ya estaba ahí”.

El único foco que tuvo Méndez durante meses, conectado a un generador CreditÉrika P. Rodríguez para The New York Times

En noviembre, justo después de que el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, anunció que la AEE había vuelto a proporcionar el 50 por ciento de lo que se generaba antes, la isla de pronto se oscureció, en uno de varios apagones generalizados en los meses subsecuentes a la tormenta del 20 de septiembre. La primera semana de agosto se fue la luz de nuevo en grandes tramos de San Juan.

Al describir la red eléctrica de la isla, Byrne dijo: “Es estable pero frágil”.

La gran ola de reparaciones involucró a miles de trabajadores eléctricos de todo Estados Unidos, entre ellos los equipos de tres empresas que dejaron de trabajar en el proyecto antes de tiempo. Una fue expulsada después de un escándalo de precios exorbitantes; otra, entre acusaciones de que había logrado demasiado poco para los 1000 millones de dólares que le pagaron. La tercera había provocado accidentalmente un gran corte eléctrico.

Para la familia Méndez, la oportunidad de tener el servicio de electricidad de nuevo sobre todo significa no tener que gastar 50 dólares a la semana en combustible para su generador, un gasto que Jazmín Méndez, una ama de casa que depende de la ayuda pública, apenas puede costear.

El gobierno instaló una nueva cisterna de agua, pero FEMA le negó el dinero que necesitaba para instalar la tubería necesaria. Así que, incluso con electricidad en casa, aún tendrá que bajar el cerro para ir por agua todos los días; un trayecto por el cual debe pasar por aludes que a menudo ponchan los neumáticos.

“Primero, muchas agencias vinieron y nos dieron agua y alimentos”, comentó Méndez. “Pero eso se terminó, así que ahora tenemos que hacerlo todo nosotros. No sé cómo va a terminar Puerto Rico. Parece que todo fue de mal en peor”.

Colón intenta prender el generador eléctrico afuera de su hogar. CreditÉrika P. Rodríguez para The New York Times.

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