Cuando Steve Jobs le dijo a Lisa Brennan-Jobs, su hija, que la computadora Apple Lisa no tenía ese nombre gracias a ella, no fue una mentira cruel, sino una enseñanza sobre “no sumarse al éxito de otros”, asegura Brennan-Jobs.

Cuando el fundador de Apple se rehusó a poner calefacción en el cuarto de su hija, ella afirma que es porque pretendía “inculcarle valores”.

Y cuando Jobs, moribundo, le dijo a Brennan-Jobs que apestaba “como a caño”, no fue un comentario cruel; a decir de ella, pretendía ser “honesto”.

Es muy extraño escribir un libro de memorias con detalles condenatorios como estos al tiempo que insistes en que no fueron para nada condenatorios. Pero eso es justamente lo que Brennan-Jobs ha buscado hacer en Small Fry y en entrevistas sobre la publicación.

Gracias a decenas de otras biografías y a varias películas, quienes están obsesionados con el mito de Apple ya saben, a grandes rasgos, algo sobre la infancia de Brennan-Jobs: Steve Jobs tenía 23 años cuando ella fue concebida, pero después le negó la paternidad pese a una prueba de ADN y no le dio prácticamente nada de apoyo financiero ni emocional, incluso después de volverse uno de los dioses de la era informática. Small Fry, que sale a la venta en inglés el 4 de septiembre, es el intento de Brennan-Jobs de contar esa historia pero por su propia cuenta.

En el Silicon Valley de los años ochenta, ella y su madre —la artista Chrisann Brennan— vivían con ayuda de prestaciones sociales; en su adolescencia, Brennan-Jobs quedó algo más acomodada con la riqueza paterna ya que la reconoció.

En casi cada pasaje de Small Fry, Jobs es despiadado con su hija y quienes la rodean. En los días previos a que se publique el libro, ella teme que será tratado como un texto que revela los trapos sucios en vez del retrato familiar que ella quería. Le preocupa que la reacción se enfoque en el legado del hombre en vez de en la historia de una joven: que, de nueva cuenta, será borrada por la sombra de Steve Jobs… y esta vez, en sus propias memorias.

Pero lo que quiere que sepan los potenciales lectores es que Steve Jobs la rechazó durante años, pero ella lo ha absuelto.

Lo quiere, y quiere que las escenas del libro de ellos patinando juntos y riendo juntos sean tan discutidas como las escenas en las que él le avisa que no heredará absolutamente nada.

“¿He fracasado?”, preguntó en una de nuestras conversaciones. “¿Fallé en representar fielmente los placeres y el cariño? ¿El cariño de mi padre y el placer rotundo de estar con él cuando estaba en sus mejores momentos?”.

Una gran historia, y sus partes malas

Después de la universidad, Brennan-Jobs dejó Estados Unidos para trabajar en finanzas en Londres y en Italia; luego cambió al diseño y después a escribir para revistas y publicaciones literarias. Ha evitado por mucho tiempo la publicidad. A sus 40 años, nunca han escrito un perfil de ella; también rehuyó a quienes han escrito sobre su padre (con la excepción de Aaron Sorkin, guionista de la película biográfica de 2015, quien dijo que ella era “la heroína” de ese filme).

Le preocupa que la reacción a sus memorias se enfoque en el legado del hombre en vez de en la historia de una joven: que, de nueva cuenta, será borrada por la sombra de Steve Jobs.

Se sintió particularmente herida por la biografía escrita por Walter Isaacson, publicada en 2011 y éxito en ventas. “Nunca hablé con él ni he leído el libro, pero sé que parezco alguien fría a quien no le importó su padre cuando él se sentía mal”, dijo Brennan-Jobs durante un encuentro en julio en un café de Brooklyn. “Me sentí devastada”.

“Me avergonzaba pensar que era la parte mala de una gran historia”, dijo. “Y yo me sentí inconclusa”.

Por lo que Small Fry pretende aliviarla de esa vergüenza al describir su infancia, quiénes fueron los personajes que marcaron esta y por qué sucedió todo. Brennan-Jobs regresó a Silicon Valley y se entrevistó con familiares, amigos, los exnovios de su madre y la expareja de su padre. En su niñez, esa zona era un suburbio con hackers que trabajaban en las cocheras de sus casas; ahora es el centro de industrias multimillonarias donde Jobs sigue siendo el gran héroe.

El trabajo para Small Fry comenzó poco después de la muerte de Steve Jobs, en 2011, aunque no quería sentirse apurada para publicar. Una consecuencia de que se publique años después es que ahora hay una conversación pública sobre los grandes fundadores de empresas tecnológicas y el papel de las mujeres en esas y otras industrias. Aunque las memorias de la primogénita de Steve Jobs probablemente se iban a vender bien sin importar cuándo se publicaran, Brennan-Jobs, de manera inadvertida, lanzó a la venta sus memorias cuando el público está más dispuesto que nunca a escuchar a las voces marginadas y se ha cuestionado cada vez más hacia dónde se dirige el mundo con todos los dispositivos creados por Jobs que nos tienen pegados siempre a una pantalla.

Claro que este mundo era impensable cuando Brennan-Jobs nació el 17 de mayo de 1978 en una granja en Oregon. Sus padres se habían conocido durante el bachillerato en Cupertino, California, y ambos tenían 23 cuando fue el nacimiento. Jobs llegó a Oregon días después del parto y ayudó a decidir el nombre de la bebé, pero no admitió ser el padre. Brennan, la madre, trabajó limpiando casas y con asistencia del gobierno para poder mantenerse; Jobs no pagó nada de manutención sino hasta después de que lo demandó el gobierno.

Small Fry recuenta el gradual interés de un padre por su hija, que comenzó a llevarla a patinar y a visitarla en casa. Brennan-Jobs se mudó con él durante los últimos años del bachillerato pues su madre tenía muchas dificultades monetarias y era irascible, pero Jobs se portó distante y tenía exigencias algo extremas sobre qué significa pertenecer a una familia. Los vecinos estaban cada vez más preocupados por el bienestar de Lisa y una noche que salió Jobs la mudaron a su casa. Ayudaron a pagar la universidad de la joven, pese a la reticencia de Jobs (quien después les repagó).

De infancias a infancias

En una de las entrevistas, Brennan-Jobs dijo que le preocupa la reacción de la gente a quien quiere, pues fuera de Jobs todos los personajes clave de sus memorias siguen vivos. “Espero que la próxima reunión familiar del Día de Acción de Gracias vaya bien”, dijo.

Retrata a su madre como alguien abierta que celebraba la creatividad de su hija, pero que podía ser volátil, iracunda y en ocasiones negligente. “Fue horrible para mí leerlo”, dijo Brennan, la madre, sobre el libro. “Fue muy muy difícil… pero es un retrato fiel”.

Y el temperamento famosamente venenoso de Jobs también queda exhibido. Durante una cena en la que la prima de Brennan-Jobs, Sarah, ordenó carne y, sin saberlo, ofendió por ello a Jobs, este le dice: “¿Alguna vez has pensado sobre lo espantosa que es tu voz?”, y le espeta a Sarah: “Deberías realmente considerar qué es lo que está mal contigo e intentar arreglarlo”.

Chrisann Brennan y Lisa a principios de los años noventa CreditCortesía de Lisa Brennan-Jobs

Varias veces Brennan-Jobs describe cómo su padre intentaba utilizar el dinero para confundirla o asustarla. “A veces decidía, al último minuto, no pagar por algo”, escribe, “y se iba de restaurantes sin pagar la cuenta”. Cuando Brennan encontró un hogar que le gustaba para ella y su hija, le pidió ayuda a Jobs para pagarla; él estuvo de acuerdo en que era una casa hermosa: la compró para mudarse él con su esposa, Lauren Powell Jobs.

De hecho, Brennan incluso opina que su hija no mostró por completo el caos de su infancia. “Si es que puedes creerlo, no profundizó sobre lo horrible que fue”, dijo.

Aunque Small Fry también tiene momentos jubilosos que demuestran la espontaneidad de Jobs y su mente sin igual. Brennan-Jobs hizo un viaje escolar a Japón y él llegó también sin avisarle; la alejó de sus compañeros durante un día en el que padre e hija se quedaron hablando sobre Dios y la conciencia. “Le tenía miedo y, al mismo tiempo, sentía un amor electrizante de su parte”, escribe.

“Empecé a redactarlo”, dijo Brennan-Jobs, “y no pensé que fuera a ser tan interesante en papel… me sentí un poco frustrada de que terminó atrayendo tanta gravedad”.

Cuando Brennan-Jobs se mudó con él en la adolescencia, le prohibió ver a su madre durante seis meses presuntamente para que estableciera bien su conexión con la nueva familia. Pero también se volvió controlador. Ella se involucró en varias actividades escolares, como intentar ser parte del colegio escolar y del club de ópera, a lo que él respondió, según las memorias: “Esto no funciona. No estás teniendo éxito como parte de esta familia”. Jobs añadió: “Si quieres ser parte de la familia tienes que dedicarle tiempo”.

Respecto a relatos como estos, Powell Jobs, los hijos de ella con Jobs y la hermana de Jobs, Mona Simpson, enviaron al Times un comunicado conjunto: “Lisa es parte de nuestra familia, por lo que nos dio tristeza leer su libro, ya que difiere de manera dramática de nuestras memorias de esos tiempos. Su retrato de Steve no es el del esposo y padre que conocimos. Steve amaba a Lisa y se arrepentía de no haber sido el padre que debía ser durante su niñez. Fue muy reconfortante para Steve que Lisa estuviera en casa con todos nosotros en los últimos días de su vida y todos agradecemos el tiempo que pasamos juntos como familia”.

Momentos incómodos

A principios de agosto, la revista Vanity Fair publicó un extracto de Small Fry con el titular: “Tengo un secreto: mi padre es Steve Jobs”. Brennan-Jobs me llamó poco tiempo después, preocupada por ese encabezado y porque en las redes sociales los lectores estaban burlándose y discutiendo a fondo algunos detalles de lo que escribió, como el comentario de que olía a caño.

“Él me dijo la verdad; yo no me había dado cuenta”, dijo Brennan-Jobs, quien indicó que su perfume de agua de rosas se había caducado. “A veces es lindo que alguien te diga exactamente cómo hueles”.

Pero la reacción al extracto fue un recordatorio de que, sin importar que Small Fry es la historia de Brennan-Jobs, el mito sobre su padre es tal que ella no puede controlar cómo son recibidas sus palabras.

Y si a Brennan-Jobs le preocupó la reacción al pasaje sobre oler a caño, quizá no sabrá cómo responder a lo que digan los lectores de momentos mucho más alarmantes. Varias veces en Small Fry, por ejemplo, Jobs tiene un trato que fácilmente puede calificarse como inapropiado frente a su hija. En un momento, Brennan-Jobs describe que su padre abrazó a su esposa, Powell Jobs, frente a la familia “y movió las manos hacia sus senos y a lo largo de sus piernas mientras gemía de manera exagerada”. Cuando Brennan-Jobs intentó irse a otra habitación, su padre la detuvo: “Quédate aquí. Este es un momento familiar y es importante que seas parte de la familia”.

Brennan-Jobs escribe: “Me quedé sentada, quieta, intentando desviar la mirada mientras él gemía y giraba”.

En las entrevistas, Brennan-Jobs aseguró que escenas como esas no demuestran nada más que su padre era algo “torpe” en situaciones sociales.

Brennan-Jobs tiene un hijo de cuatro meses con su esposo Bill, quien trabajó por mucho tiempo para Microsoft y ahora tiene una empresa emergente de software. Él tiene dos hijas más, de 10 y 12 años.

“Veo a mi esposo y cómo es con sus hijas: pendiente y sensible y vivaz, como le hubiera gustado ser a mi padre”, dijo Brennan-Jobs. “A mi padre le hubiera encantado ser un hombre así y se rodeó se hombres así, pero él no pudo serlo”.

Décadas después de la demanda por manutención familiar, Jobs de nuevo denegó su paternidad. Small Fry dice que el ejecutivo, con una fijación extrema en los detalles, puso en su biografía del sitio web de Apple que tenía tres hijos. Tenía cuatro.

Frialdad familiar

Quien más defiende el legado y la imagen de Jobs es Powell Jobs, quien tiene también su papel en Small Fry. Brennan-Jobs habla de cómo la invitaba a sentarse para fotografías familiares, pero muchas de las descripciones sobre la madrastra son duras. En un momento, Brennan-Jobs recuerda una sesión de terapia de ella, adolescente, con Jobs y Powell Jobs. Brennan-Jobs lloró y dijo que se sentía sola; que quería que sus padres por lo menos le dijeran buenas noches.

Y ahí sucede lo que Brennan-Jones considera la mejor frase de todo el libro. Powell Jobs le dijo al terapeuta: “Somos personas frías”.

Jobs, ya en fases avanzadas del cáncer pancreático, finalmente se disculpó con su hija. Brennan-Jobs dice que fue un final “como de película”; en el libro escribe que él pidió perdón por no haber pasado más tiempo con ella y por desaparecerse durante su vida adulta, olvidar sus cumpleaños y no regresarle las llamadas.

Ella le responde que sabía que estaba ocupado. Pero Jobs entonces dice que actuó de esa manera porque ella lo había ofendido a él. “No fue por estar ocupado. Fue porque me enojé porque no me invitaste al fin de semana en Harvard”, cuando ella llegó a su primera semana de la universidad.

“Veo a mi esposo y cómo es con sus hijas: pendiente y sensible y vivaz, como le hubiera gustado ser a mi padre. Pero él no pudo serlo”.

El que Brennan-Jobs incluya detalles como estos, que son tan punzantes como llagas a la leyenda de Jobs, quizá es la mejor prueba —incluso más que una de ADN— para demostrar que es hija de su padre.

Al final, Jobs sí le dejó una herencia; el mismo monto que a sus demás hijos. Brennan-Jobs dice que si hubiera tenido algún control sobre dónde destinar el legado financiero, bajo control total de Powell Jobs, quizá lo destinaría a la Fundación de Bill y Melinda Gates. Es un comentario curioso dada la enemistad del fundador de Microsoft y el de Apple.

“Creo que esa fundación hace muy buenas cosas y probablemente me gustaría nada más pasarle a alguien más el dinero”, indicó.

Aunque Brennan-Jobs dijo que parte de la razón por la cual escribió Small Fry fue para intentar dilucidar por qué no le compartió las riquezas incluso cuando se volvió multimillonario y gastaba sin problema con Powell Jobs y los hijos que tuvo con ella. Brennan-Jobs dice que lo atribuye a una enseñanza de su padre sobre cómo corrompe el dinero.

“Es posible tener un sistema de valores y no poder vivirlo”, dijo. “Y te puedes imaginar cómo sería tener esa riqueza y fama y lo increíble que es mantener ese sistema de valores. Él no lo hizo de la manera idónea y no aplicó de manera uniforme su sistema. Pero me siento agradecida”.

https://www.nytimes.com/es/2018/08/27/lisa-brennan-jobs-steve-jobs/?emc=edit_bn_20180828&nl=boletin&nlid=7458404620180828&te=1

 

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