32 AÑOS DE LA EXPLOSIÓN NUCLEAR DE CHERNÓBYL, UCRANIA

POR CARLOS CORTÉS VELÁSQUEZ

La noche del 26 de Abril de 1986, en el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil, en Ucrania, tuvo lugar el mayor accidente de la historia nuclear, al fundirse el núcleo del reactor y liberar al ambiente toneladas de material altamente radiactivo, como iodo 131, cesio 134 y 137, estroncio 90 y plutonio 239. El accidente causó una nube radiactiva que afectó a la mayor parte de Europa, alcanzando hasta España, especialmente Cataluña y Baleares.

Aunque el 25% de las emisiones se produjeron en las 24 horas siguientes a la explosión, durante los nueve días que se tardaron en apagar el incendio, se emitieron enormes cantidades de radiactividad. En este tiempo, las más de 300.000 personas que trabajaron en la extinción, sin apenas protección ni control de las dosis de radiación que recibían, pudieron acumular hasta 100 veces la cantidad máxima que es considerada internacionalmente para un ser humano en un año. Hoy, los gobiernos de Ucrania y Rusia reconocen la muerte de 8.000 combatientes y la enfermedad de unos 120.000.

La población de un radio de 30 Km fue evacuada en los días siguientes, unas 375.000 personas, y la liberación de radiactividad superó los 50 megacurios equivalente a 50 millones de curios, una cantidad 200 veces mayor que la de las bombas de Hiroshima y Nagasaki en 1945.

La construcción del sarcófago en la planta, que es una enorme estructura de hormigón y acero de 500.000 metros cúbicos, en los siete meses siguientes pretendía contener la liberación de radiactividad del reactor, que seguirá activo los próximos 100.000 años. Sin embargo, su deterioro es tan grande que las fugas radiactivas continúan y debería construirse un segundo sarcófago alrededor. Pero el peligro mayor es su hundimiento total o parcial, lo que desencadenaría nuevas explosiones.

Hoy día, un área de 160.000 Km² (el tamaño de Holanda) permanece contaminada.

Coincidiendo con el 14º aniversario del accidente de Chernóbil, la ONU ha publicado un informe donde se recapitula sobre sus devastadoras consecuencias. El número de personas afectadas se cifra en unos 7 millones en las repúblicas de Bielorrusia, Ucrania y Rusia, de los cuales 3 millones son niños. Todavía viven 1,8 millones en zonas contaminadas, algunos cientos de personas han decidido volver a la zona de exclusión de 30 kilómetros. Los muertos por la catástrofe se cifran ya en 165.000 y su número seguirá creciendo durante años a causa de las mutaciones en el material genético.

Por todo esto, la tasa de mortalidad es superior a la de natalidad en Ucrania y Bielorrusia.

El 70% del material radiactivo se depositó en Bielorrusia, puesto que el viento empujó la nube radiactiva a esta república; los estudios epidemiológicos muestran que sólo el 20% de sus habitantes pueden considerarse sanos. Pero lo peor es la escasez de alimentos frescos y agua potable, ya que gran parte de su territorio está contaminado por plutonio.

El coste económico calculado para el desmantelamiento, tras el cierre definitivo en diciembre de 2000, es de 2.000 millones de dólares y el de hacer frente en el futuro al tratamiento de los afectados, más de 40 billones de pesetas.