AGENCIAS. Dicen quienes son cercanos al quarterback de los Santos de Nueva Orleans que leer la oferta de los Cargadores le llevó apenas unos segundos a Drew Brees, quien sintió la desconfianza con que estaba siendo tratado por la directiva del equipo de San Diego. La lesión del hombro aparentemente había quedado atrás, pero un contrato de cinco años y 50 millones de dólares con sólo dos garantizados, era, por así llamarlo, un insulto.

Aquella, su tercera temporada con San Diego en el 2005 había sido muy buena a pesar de las diferencias que ya se planteaban y las dudas sobre su futuro con el equipo californiano que había desembolsado una gran cantidad de dinero para consolidar el contrato de Phillip Rivers en el draft del 2004. Brees había superado las 3,500 yardas por pase y fue uno de los 10 mejores quarterbacks de la campaña, aún cuando dos devastadoras derrotas ante los Jefes y los Broncos en las semanas 16 y 17, significaron que San Diego fuera eliminado al concluir con marca de 9-7.

Pero lo más grave de la última jornada fue justamente cuando tratando de recuperar un balón que había soltado por un contacto del safety de Denver, John Lynch, recibió ya tirado en el campo otro golpe del tackle Gerard Warren, lo que provocó que se dislocara el hombro derecho. En cuanto el ahora estrella de los Santos de Nueva Orleans se enteró de qué se trataba su lesión supo que, en el mejor de los casos sería la última vez que vistiera el uniforme de los Chargers, en el peor, jamás volvería a vestirse para un partido de la NFL… Ya no importaba que gracias a él, San Diego había ganado su División un año antes por vez primera en 10 años…

CONVENIENCIA… Fue una historia donde la directiva de San Diego, y en especial, el head coach Marty Schottenheimer, pensaron que eran los afortunados ganadores. Terminarían con un compromiso que habían tomado a la ligera cuando a pesar de ser “bajito” para la posición de quarterback, lo eligieron tras haber conseguido en un intercambio con Atlanta, la posibilidad de contratar a LaDainian Tomlinson, quien ya era una estrella del equipo.

Rivers en cambio, había llegado con muy altas calificaciones tras el draft del 2004 y aunque Brees con la etiqueta de “Jugador Franquicia” había obtenido ocho millones de dólares de sueldo en el 2005, la lesión y la operación que pusieron en duda su futuro provocaron el rompimiento con la escuadra californiana.

Sin acuerdos que discutir, sólo dos equipos se acercaron tratando de contratar a Brees: Miami, que se retiró tras una primera aproximación; y Nueva Orleans, que le ofreció 10 millones garantizados por el primer año y 12 por el segundo. Fue de tal impacto su llegada a los Santos, que en el segundo año firmó por seis años y 60 millones garantizados.

No era para menos, en su primer año impuso récords de yardas y pases de anotación y llevó a Nueva Orleans tras ganar el título divisional del Sur de la Conferencia Nacional con marca de 10-6, al primer juego de campeonato en la historia de la franquicia tras derrotar a las Águilas de Filadelfia para enfrentar en un durísimo partido a los Osos de Chicago en el Soldier Field, cayendo 39-14 bajo unas infames condiciones del terreno de juego.

La historia exitosa de Brees siguió hasta llegar a la campaña del 2009, coronada por su triunfo sobre los Potros de Indianápolis en el Super Bowl XLIV el siete de febrero de 2010 en Miami… Y después, una lluvia de récords…

Y RIVERS… Aunque hay quien asegura que el ahora veterano de 14 temporadas no necesita un anillo de Super Bowl para ser reconocido como una figura estelar en la historia de la NFL, la verdad es que son los triunfadores quienes dictan las citas más importantes. Y Rivers no ha podido llevar hasta ahora a los Cargadores a ser un equipo triunfador en cuando cabe en la extensión de la palabra.

San Diego, Los Ángeles ahora, sólo llegó desde la partida de Brees, a un juego de campeonato de la Conferencia Americana, donde fue humillado, como ha sucedido con casi todos los equipos que han visitado el Gillette Stadium de Foxboro, por los implacables Patriotas de Nueva Inglaterra y Tom Brady, quienes el domingo 20 de enero del 2008 derrotaron a Rivers y los Chargers 21-12, sumando su nombre al de los Acereros de Pittsburgh, los Potros de Indianápolis, los Cuervos de Baltimore y los Jaguares de Jacksonville, quienes se combinaron para un total de siete derrotas y sólo una victoria, la de Baltimore, futuro campeón de la NFL en la temporada de 2012.

Aquel fue un loco juego de cinco intercepciones, dos para Rivers y tres para
Brady, tres de ellas en la primera mitad por causa de aquel cruel viento del Este que deslució el encuentro. Un año antes, en la temporada del 2006 en la ronda divisional todo el mundo disculpó la juventud de Rivers, pero al final de cuentas fueron dos derrotas dolorosas. Lo que siguió en más de una década fueron tres fugaces apariciones en la postemporada incluyendo ésta, la anterior fue hace cinco años.

La elección de la partida de Brees a cambio de la promesa de un futuro brillante con Rivers ha eclipsado durante más de una década las ilusiones de los aficionados de los Cargadores. Si de verdad alguna vez Phillip Rivers aspira a llegar a un Super Bowl, tal vez sea este año, pero antes de llegar a lo que sería una cita de ensueño contra Brees, primero tendrá que vencer por vez primera en ocho encuentros a su némesis, Thomas Edward Brady, para usted, simplemente Tom Brady… No hay otro camino…