13 DE SEPTIEMBRE DE 1968: UN CAPÍTULO MÁS SILENCIOSO DE 300 MIL ESTUDIANTES

POR CARLOS CORTÉS VELÁSQUEZ

Un día como hoy, un 13 de septiembre de 1968, integrantes del movimiento estudiantil realizaron una manifestación, mejor conocido como “La Marcha del silencio” en la Ciudad de México. Esta marcha se realizó en protesta por el desalojo violento de la Plaza de la Constitución, en el Zócalo, en donde ocurrieron detenciones arbitrarias, brutalidad policial y diversos enfrentamientos entre simpatizantes del movimiento y fuerzas como el Heroico Cuerpo de Granaderos y el Ejército Mexicano.

Los manifestantes fueron avanzando sobre Paseo de la Reforma y junto con ellos el silencio, algunos gritos, pero no eran de ellos, sino de quienes los alentaban y los estudiantes hablaban, en todo caso, a través de sus mantas, sus pancartas y sus volantes.

El Consejo Nacional de Huelga convocó una manifestación silenciosa, pacifista, ya que era más elocuente que las palabras que acallaron las bayonetas, y por el silencio que hizo el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz en su Cuarto informe de gobierno el 1 de septiembre de 1968 sobre el movimiento. Los manifestantes marcharon, no con las banderas rojinegras del Comité Nacional de Huelga, sino con banderas de México y retratos de los héroes de la Independencia y la Revolución Mexicana.

El trayecto de la marcha fue desde el Museo de Antropología hacia el Zócalo, aproximadamente unos 6.1 kilómetros.

Desde el 1 de septiembre de 1968, los estudiantes integrantes del CNH escucharon en las distintas escuelas el Cuarto Informe de Gobierno, donde Díaz Ordaz emitió un mensaje autoritario contra el movimiento. Se asumió que el presidente había hecho silencio tanto a las demandas del movimiento como a su petición de diálogo público, y entonces, el consejo decidió convocar a una marcha multitudinaria el 13 de septiembre, la cual marcharía en silencio. En un intento por desestimular la asistencia a la marcha, el 12 de septiembre, el gobierno mexicano desde un helicóptero tiró propaganda atribuida a padres y madres de familia del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que invitaba a que llamaran a sus hijos a no asistir, ya que los asistentes serían enfrentados por el ejército.

Ese mismo día por la mañana, el presidente Díaz Ordaz encabezó una ceremonia cívica dedicada a los Niños Héroes en el monumento en Chapultepec, en donde dirigió distintos mensajes a la juventud y a orientar su inconformidad hacia la creatividad. Lo mismo hizo el cadete Saúl Hernández Dorantes, quien afirmó que la única bandera “es la de México”. Otros oradores asociados al PRI, partido gobernante como Alfredo V. Bonfil, llamaron a que la inconformidad “se volviera creativa”. Más tarde, el presidente inauguró el Palacio de los Deportes, como parte de las acciones de los Juegos Olímpicos de México 68.

La marcha tuvo como punto de inicio las inmediaciones del Museo de Antropología, en el Bosque de Chapultepec. Ahí, miles de personas que acudieron al llamado del CNH, marchando en silencio y encabeza un camión el contingente con un retrato de Emiliano Zapata y una bandera nacional, luego, estudiantes de medicina, profesores, la dirigencia del CNH y a continuación la columna, a la cual se le pasa lista de asistencia, sumando 83 escuelas. Fotografías de la época muestran a asistentes con cintas adhesivas formando una “x” sobre los labios. Reportes indican tanto el orden con el que se realiza la marcha como la presencia no sólo de estudiantes sino de sociedad civil que apoya el movimiento. La Dirección Federal de Seguridad indica:

Llegaron a la Plaza de la Constitución en número de 40,000 personas, calculándose que un 10%, eran del sexo femenino, un 25 del pueblo en general, entre éstos 100 taxistas con sus familias, petroleros, ferrocarrileros, campesinos de la CCI Comunista, habitantes del poblado de Topilejo DF, comerciantes en pequeño, vendedores ambulantes, electricistas, padres de familia, etc., el resto lo formaban estudiantes de la UNAM, IPN, Nacional de Maestros, Chapingo, Universidad de Puebla, Veracruz, Iberoamericana.- La marcha desde su inicio, se realizó en todos sus aspectos en un completo orden, mediante una atinada organización, amén de que por su carácter de silenciosa, se guardó entre los integrantes de la manifestación un absoluto silencio

EL REPORTE DE LA DFS

La ciudadanía se colocó a los lados de la marcha haciendo una valla apoyando la marcha, los reportes indicaron que la asistencia fue más de entre 200 y 250 mil personas que marcharon y siguiendo el trayecto por el Paseo de la Reforma, Avenida Juárez, Cinco de Mayo y finalmente colman hacia el Zócalo de la Ciudad de México. La enorme cantidad de personas desanima las acciones de hostigamiento y agresión directa, como era costumbre en la estrategia del estado mexicano contra el movimiento.

Los asistentes arribaron al Zócalo, sumándose entre otros trabajadores de los comercios que cierran por la marcha. Se realiza un mitin final, en el cual se refrendan las demandas del movimiento y el pliego petitorio. Para finalizar se canta el Himno Nacional Mexicano, se encienden antorchas y se corean consignas.

Sin embargo, algunas de las frases referidas en los discursos fueron así:

  • “Hemos quemado las vendas que tenía el pueblo, que ha empezado a protestar. Esta lucha ha producido cambios irreversibles. El pueblo está dispuesto a luchar para que se le haga justicia.
  • “Barreremos la corrupción, la gente estará orgullosa de los valores”.

Las notas de prensa destacaron el silencio y el orden con el que se realiza la movilización, si bien destacan las consignas contra el gobierno e incluso la prensa. La movilización es calificada como un triunfo para el movimiento. El caricaturista Abel Quezada publicó en Excélsior una caricatura donde dos palomas de la paz observan la marcha y dice una a otra “Se oye más el silencio”.

Las agresiones no se dieron directamente a la marcha, sino a los automóviles de algunos asistentes a ella que los dejaron estacionados en las inmediaciones del museo de antropología. Agresores asociados al grupo de ultraderecha Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), estuvieron a bordo de camionetas blancas, atacaron con bates, palos y varillas los autos y algunos los incendiaron. El periódico Últimas Noticias reportaron en su portada del día siguiente y dice que son “un centenar” los vehículos dañados y que los agraviados presentaron denuncias.

LA FUERZA DEL SILENCIO DE CIENTOS DE MILES DE PERSONAS RESULTABA PERTURBADORA.

Miles y miles de “gentes del pueblo” escoltaron a la columna de manifestantes. “Situadas en las aceras, formaron una enorme valla a lo largo de todo el recorrido de la marcha; con sus aplausos y expresivas muestras de simpatía alentaban a los trabajadores, estudiantes y padres de familia, que en compactas filas proclamaban el cumplimiento de la Constitución. La austera y responsable actitud de los estudiantes y profesores, la decisión de la lucha del pueblo se manifestó con la mano en alto haciendo la V de ¡Venceremos!”, describió el académico Ramón Ramírez.

SILENCIO CONMOVEDOR

“Pueblo mexicano: puedes ver que no somos unos vándalos ni unos rebeldes sin causa, como se nos ha tachado con extraordinaria frecuencia. Puedes darte cuenta de nuestro silencio, un silencio impresionante, un silencio conmovedor, un silencio que expresa nuestro sentimiento y a la vez nuestra indignación”, decía un volante del CNH.

Oleadas de manifestantes en silencio arribaron a la glorieta donde posa la estatua de la Diana Cazadora. Y ahí estaba el escritor Carlos Monsiváis, quien relató cómo en la avanzada, precediendo a las decenas de motocicletas, el toldo de un autobús del Instituto Politécnico Nacional servía de templete a los dirigentes estudiantiles. “De pie, como una estatua happening, como una reseña imparcial de la decisión del activista, un estudiante, haciendo con las dos manos la V de la victoria”.

Ese estudiante era Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, líder de la Escuela de Agricultura de Chapingo y miembro del CNH.

La expectativa acercó del número de participantes en esta demostración silenciosa fue rebasada con mucho, pero no sólo la del Consejo Nacional de Huelga, sino la de las autoridades, que esperaban un número considerablemente menor.

González de Alba, quien marchó en la descubierta, dijo que “el gobierno había calculado una asistencia de 10 mil personas a la manifestación”; que el propio Comité Nacional de Huelga calculó que, principalmente debido a la campaña de miedo lanzada por el gobierno federal, llegarían 150 mil. Pero “la asistencia fue de 300 mil personas: rebasó los cálculos más optimistas”.

Y esa muchedumbre observó al pie de la letra el espíritu de la convocatoria. Quienes atestiguaron los hechos, como Monsiváis, describió: “El silencio es una estructura; el silencio articula el lenguaje de los manifestantes, de los preparatorianos arrancados del sueño de vivir en un país que se inició en una rockola y termina en una discotheque; de los estudiantes del Politécnico conscientes ya de la falacia que les hacía ver la lucha de clases como la suma de fiestas fabulosas donde era inconcebible su presencia”.

La larga fila de manifestantes comenzó a desplegarse sobre Reforma. Salían y salían contingentes. Miles y miles de pares de labios estaban clausurados. Significativamente, un par de trozos cruzados de cinta adhesiva cubrían cada boca cerrada. Para Monsiváis, eso acentuaba su silencio: “un clarísimo y violento afán simbólico los domina. El silencio existe como una llamada de atención: nuestra marcha es un discurso”.

Los líderes estudiantiles vieron con asombro lo que ocurrió. Otra vez el Paseo de la Reforma, la avenida Juárez, la calle Cinco de Mayo y la plancha del Zócalo. “La gente en todas las ventanas y balcones, en las banquetas, sobre las estatuas, en las ramas de los árboles. Ahora podíamos oír las exclamaciones, los gritos de ánimo, los aplausos. Otra vez el Zócalo lleno. Mantas, pancartas, grandes dibujos de Zapata y Villa, pero ninguno de Carranza o de Obregón”.

PODRÁN MASACRARNOS, PERO NUNCA PODRÁN DOBLEGARNOS

La sensación de triunfo, así fue temporal, era embriagadora, no dejaba ileso a nadie, como lo mostraron las declaraciones que en voz de González de Alba adquieren una dimensión particular: “ante la imposibilidad de hablar y gritar como en otras ocasiones; al oír por primera vez claramente los aplausos y voces de aliento de las gruesas vallas humanas que luego se unían a nuestro contingente, surgió el símbolo que pronto cubrió la ciudad y aun se coló a los actos públicos, la televisión, las ceremonias oficiales: la V de ¡Venceremos!”.

La euforia llegó hasta el Zócalo, donde el último grupo de manifestantes entró pasados a las nueve de la noche. Tres oradores hicieron uso de la palabra. Además, uno de ellos, el último fue Eduardo Valle Espinosa, El Búho, representante de la Escuela Nacional de Economía de la UNAM.

Sin embargo, trepado en el techo del camión, en medio de la plancha, Eduardo Valle leyó con pasión lo que lleva escrito en unas hojas, muy arrugadas, que sostenía con su mano izquierda. Dijo a la multitud: “Estamos viendo una luz negada por muchos años. Hay que cuidar que esta luz, deslumbrándonos, no nos ciegue. Porque si eso sucede perderemos el paso y ese momento será el instante que nuestro enemigo aproveche para volver a amordazarnos y a poner cadenas”.

Además, flanqueado por dos de sus compañeros, que sostenían un par de micrófonos para que el discurso del delegado de Economía se magnificara en el Zócalo, Valle continuó leyendo, mientras a su alrededor se oía apenas un leve murmullo.

“Pero algo no podrían lograr. Las vendas quemadas no serían colocadas en nuestros ojos de nueva cuenta. Porque algo importante hemos ganado. Hemos ganado la conciencia de la acción. Ahora discutimos cómo romper las cadenas, no si se pueden romper. Nadie piensa ahora que no importa estar atado. Hemos vivido libertad en las calles, hemos vivido democracia en miles de asambleas, de mítines y de manifestaciones.

“Y cuando se conoce lo dulce de la libertad, jamás se olvida. Y se lucha incansablemente por nunca dejarla de perseguir porque ella es la esencia del hombre, porque solamente el hombre se realiza plenamente cuando se es libre. Y en este movimiento miles hemos sido libres, verdaderamente libres. El orden, la disciplina y la combatividad han quedado visibles para todos. El silencio en que hemos marchado es nuestro fuerte grito de protesta. Este silencio es mucho más elocuente que las palabras violentadas ayer por las bayonetas”.

Concluyó El Búho y su voz se estremeció a los presentes. “Somos conscientes de que el poder gubernamental puede destruirnos usando sus tanques y sus soldados. Pueden masacrar a los estudiantes y al pueblo, pero nunca, nunca podrán doblegarnos, nunca podrán convencernos de que vivir amordazados y de rodillas es el camino de nuestro pueblo”.

Una imagen surreal cerró la jornada que había empezado sin palabras, obligada al silencio: miles y miles de antorchas hechas con papel periódico iluminaban, como luciérnagas, la oscuridad de la noche.

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