Por: Lic. Alberto González Káram

El Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, Andrés Manuel López Obrador, demostró y comprobó en su segunda semana de ejercer el poder que su visión internacional consiste en cumplir sus compromisos con el cambio climático en el período 2019-2024.
En la presentación del Plan Nacional de Producción de Hidrocarburos en Ciudad de Carmen, Campeche, señaló lo siguiente: “qué bien que tenemos esta meta de producir, a finales del sexenio, dos millones 400 mil barriles diarios. Con eso es suficiente, manteniendo las reservas, porque el petróleo, además de ser un recurso no renovable, pertenece también a las generaciones futuras y no lo podemos nosotros explotar de manera irracional”.
En su compromiso con el cambio climático, resaltó lo siguiente: “Hay países, gobiernos, en donde, inclusive, cada año, van dejando un fondo de ahorro para las nuevas generaciones. Eso es lo que hacen en Noruega, por ejemplo, con la idea de que los recursos naturales son de nosotros, pero también de nuestros hijos, nuestros nietos, de las generaciones futuras, si extraemos petróleo suficiente, conservando reservas, cuidando el medio ambiente”.
Al aceptar esa urgencia, me parece claro que el cambio climático es un problema que ya no puede ser dejado a una generación futura. En lo que respecta al cuidado de nuestro hogar común, estamos en un momento crítico de la historia.
Todavía tenemos tiempo de hacer los cambios necesarios para generar un desarrollo sostenible e integral, porque sabemos que las cosas pueden cambiar. Ese cambio requiere de nuestra parte un reconocimiento serio y responsable no sólo del tipo de mundo que le dejamos a nuestros hijos, sino también a los millones de personas que viven bajo un sistema que no les ha prestado atención.
México ha sido partícipe de este grupo de excluidos que golpea a mayoría de los hogares, nuestras ciudades, comunidades indígenas, pueblos, colonias y barrios a lo largo y ancho del territorio nacional.
Recordemos que los fundamentos de la Economía Ambiental pueden situarse temporalmente mucho más atrás, en los siglos XVII y XVIII.
El objeto del análisis son las complejas interacciones entre la economía y el medio ambiente natural, compuesto por todos los recursos disponibles en la Tierra, tanto en el aire, suelo y agua.
La premisa básica de esta nueva disciplina es que la economía es un sistema abierto y el sistema económico no puede operar sin la base de los sistemas ecológicos.
El surgimiento de la espiral población-pobreza-deterioro ambiental, conduce a mejorar la calidad de vida y comienza a sustituir al bienestar material como objetivo social prioritario y, al mismo tiempo, aparece cierta preocupación por la eficiencia intrageneracional y el legado para las generaciones futuras o equidad intergeneracional.
En etapas de crecimiento económico intenso se produce el mayor nivel de deterioro ambiental debido a la utilización de métodos intensivos, a la mayor tasa de extracción de recursos naturales y un creciente proceso de industrialización y urbanización que conlleva una elevación del nivel y toxicidad de las emisiones.
El punto de inflexión se localiza al lograr la maximización del ingreso o nivel de renta per cápita a partir del cual la relación entre crecimiento económico y calidad ambiental cambia.
La relevancia para la toma de decisiones públicas racionales, reside en que ante cualquier problema ambiental, invertir en acelerar el crecimiento económico se convierte en una estrategia de solución del problema ambiental más eficiente que la aplicación de políticas ambientales o medidas correctoras específicas.
Es importante destacar que la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo o World Commission on Environment and Development (WCED), creada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), define al desarrollo sustentable como: “Aquel desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades”.
Esto implica que el desarrollo sustentable no es únicamente un concepto de eficiencia en el uso de los recursos sino también de equidad, con una doble implicación en este sentido:
Eficiencia intrageneracional.- Consiste en la satisfacción de las necesidades de la generación actual como una premisa imprescindible para alcanzar el desarrollo sustentable global, independientemente de la localización geográfica.
Equidad intergeneracional.- El desarrollo sustentable es un concepto dinámico y, por ello, el legado de recursos para la siguiente generación ha de ser, al menos, igual que el disponible para la generación actual.
Es una realidad indiscutible que la misma cantidad de un recurso no tiene el mismo valor si lo disfrutamos hoy que dentro de una década y, si lo disfrutan nuestros hijos o nietos que los individuos de varias generaciones posteriores.

Es necesario incorporar un límite en el horizonte temporal de las preferencias de la generación actual. El Coeficiente de Preferencia Temporal es la Tasa de Descuento que toma valores entre 0 y 1, de forma que, a mayor tasa de descuento mayor preferencia por el presente y menor disposición a renunciar al bienestar actual a cambio de bienestar futuro.