ALFA Y OMEGA
ARMANDO JUAREZ BECERRA
En la noche de Navidad, al amparo de una plática con uno de mis sobrinos políticos, Sergio Baldelamar, esposo de mi sobrina Lety Juárez, mi inspiración superior me llevó al terreno de la meditación sobre lo que es la actitud mental positiva del ser humano y los grandes beneficios que su práctica nos puede regalar.
Sergio, al igual que yo, es un inquieto buscador en las disciplinas derivadas del uso de la mente, por supuesto que a nivel de simples curiosos con impulsos de investigadores neófitos, pero con la esperanza de encontrar respuestas a una serie de preguntas que rondan en nuestro yo interior.
La mente, decíamos, es una poderosa fuente de energía salvadora que bien utilizada, puede sanar los más dificíles casos de enfermedad diagnosticada como incurable y que cuando sucede, los mismos médicos no tienen más remedio que calificarlas de Milagros, es decir, no hay explicación científica del proceso de sanación.
Existen en el mundo sorprendentes hechos derivados de intervenciones de los llamados chamanes, sanadores o curanderos, que dejan perplejos a los científicos que se atreven a estudiarlos bajo los principios de la ciencia, pero, repito, sin encontrar la causa terapéutica de las curaciones.
Sin embargo, existen miles también de charlatanes que denigran el valor de tan excepcional práctica, provocando el rechazo de mucha gente a prestarse a una intervención de sanción de este tipo.
Pero el asunto es que hay una existencia muy importante de casos documentados, estudios muy serios a nivel científico que apuntan a la existencia ese poder mental que todo ser humano posee y que es la fuente principal de su formación desde la concepción, hasta la muerte, mismo que de alguna manera actúa por si mismo para “reparar” las fallas del cuerpo donde mora.
Es nuestro cerebro, nuestra mente, una especie de batería productora que dirige su energía hacia todos los rincones del cuerpo humano, manteniendo en activo las funciones que propician la vida y la existencia de cada ser viviente.
Dicen los que saben de esta increíble fuerza humana, que si tuviéramos la disciplina de repetirnos a diario y en cada momento que somos seres de luz, sanos, fuertes, positivos, amorosos, estaríamos entonces alimentando a través de la Fe, el camino hacia la perfección del espíritu, lo que nos llevaría hacia un vida exenta de problemas de salud hasta la muerte.
Luego entonces, la actitud mental positiva puede significar en un momento dado, ser la tan buscada y nunca encontrada fuente de la eterna juventud, sustento de una vida sana y longeva.
Renovar con el poder de la mente el sistema celular del cuerpo humano y atenuar el proceso de envejecimiento, utopía que es el anhelo de los hijos de Dios y que, quien sabe, a lo mejor algún día la humanidad llegue a exclamar, “pero si era tan sencillo”.
Bueno, quizá algo avancemos si todos los días por la mañana, al levantarnos, al mirarnos en el espejo nos repitamos como decía Paco Estanley: “Que bonito soy”, aunque en realidad seamos más feos que un carro por abajo.
P.D.- El poder de la mente, dicen, es el poder de la vida.






