ALFA Y OMEGA
ARMANDO JUAREZ BECERRA
Anoche tuve un sueño.
Soñé que era rico, muy rico, pero además que era joven.
Imaginen ustedes mis cuatro lectores, rico y joven, me dije a mi mismo: “Ahora es cuando mi mismo, el mundo es tuyo, gózalo, vívelo, acábatelo”.
Y ya sabrán, con tanto dinero y vigor juvenil, pues comencé una vida desordenada, de lujos increíbles, viajes a todo el mundo, hoteles caros, comidas exóticas, vinos, mujeres y todo lo que se me antojara.
Tenía amigos de a montón, todos me seguían y vivían a expensas de mi riqueza, elogiaban mis extravagancias y se peleaban por ser mis invitados permanentes.
Pero el tiempo que seguía su marcha inexorable, poco a poco fue acabando aquella que un día fue gran riqueza, las mujeres y los amigos se fueron retirando de mi compañía y lo más doloroso fue que el Padre Tiempo me cobró con creces mis excesos y mis errores; mi salud se deterioró considerablemente y ya no tenía dinero ni para la compra de una aspirina.
Caí en la depresión más terrible que alguien pueda soportar y estuve a punto de tomar una salida por la puerta falsa del suicidio. Mi familia se avergonzaba de mi y con justificada razón, era yo el ejemplo vivo de la escoria humana.
No se que fue lo que sucedió al menos en forma clara; aquel día que yo pensé sería el último que viviría en este mundo, pasé por un recinto de donde salía cantos celestiales y una mano suave, pero firme, me tomó del brazo y casi me arrastró hasta el interior de aquel lugar, me llevó hasta el frente de un bello altar y con voz cantarina, me ordenó ante todos los presentes: ¡¡¡DESPIERTA!!!.
¡¡¡Y DESPERTE!!!
Sí, desperté en mi recámara, consulté mi celular y comprobé la fecha: 9 de Febrero, ¡Mi cumpleaños!.
Casi lloro de alegría, todo había sido un mal sueño, desperté y estaba vivo y conforme me fueron llegando whats app, llamadas telefónicas, face books y los abrazos de mi familia, me di cuenta que no solo estaba vivo, sino que también era rico, inmensamente rico por todo lo bello que tenía a mi alrededor, más valioso que el tesoro más grande del mundo.
Llegué hoy a los 82 años de edad, y el sueño con el que dormí y con el que hoy desperté, me vino a confirmar lo que yo siempre he dicho: La felicidad no es asunto de riqueza material, la felicidad es un estado mental y espiritual que vale mucho, pero que no cuesta nada.
De alguna manera pienso que el verdadero sueño no es el que tuve anoche, el verdadero sueño es el que vivo hoy y que no se hasta cuando seguiré viviendo, es decir, mi vida es una metáfora de otro sueño que tuve hace ya mucho tiempo, cuando encontré a Jesús, o más bien, cuando Jesús me Encontró a mi.
Y cuando Jesús me encuentre otra vez y me diga: Duerme, entonces sé que me llevará con Dios, porque hace dos mil años lo dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida y solo por mí se va al Padre.
P.D.-La vida es un sueño.





