ALFA Y OMEGA
ARMANDO JUAREZ BECERRA
Desde que Dios creó a la humanidad las guerras siempre han existido, muchas por razones de tipo ideológico o religioso y otras tantas por el poder y el dinero, pero todas, sin excepción, han estado y siguen estando hermanadas por el odio, la maldad y la sangre que se derrama sin piedad en los campos de batalla.
Las guerras, –uno de los jinetes del apocalipsis—son el principio y seguramente el fin de la vida humana, son el desbordamiento de las pasiones en toda su magnitud, son las manifestaciones del mal encarnadas en las conciencias de quienes aspiran por el dominio del mundo.
En los inicios de los tiempos de la vida humana, las guerras eran también sangrientas, pero las luchas eran cuerpo a cuerpo, con armas de madera o de fierro, no como ahora que una sola bomba puede destruir pueblos enteros y matar a miles, a millones de seres humanos, hombres, mujeres y niños.
En aquellos tiempos las guerras eran por terminar con los enemigos del pueblo de Dios, después por el dominio de los pueblos y luego por la creación de grandes imperios que pretendían extender su hegemonía por todo el mundo.
Los Hitler siempre han existido y solo porque las grandes naciones no lo han permitido, podemos vivir en un mundo de pueblos soberanos, aun cuando la amenaza de los modernos conquistadores no ha terminado y quizá nunca terminará.
Es por eso que hoy somos testigos de lo que parece ser el inicio de un nuevo intento de alcanzar la supremacía mundial bajo el uso de las armas.
La guerra, que más bien es una agresión, de Rusia contra Ucrania, pese a que el líder del Kremlin no lo quiera reconocer, es un aviso a todos los gobernantes de la tierra, es una alerta de lo que puede suceder, como pasó en 1940, cuando un desquiciado que se decía ser de la raza superior, se lanzó con todo su poderío militar en contra del mundo, con la idea clara de convertirse en dictador universal.
Gracias a Dios no lo logró, pero estuvo a punto de hacerlo, aunque al menos ahí quedó su loco ejemplo para la historia.
Hoy vemos que el conflicto en Ucrania tiene tintes de un corte distinto al esgrimido por Vladimir Putin, quien dice que es para proteger a su pueblo de posibles agresiones futuras de parte de los ucranianos.
Goliat tiene miedo de David y con bombas y misiles de gran capacidad destructiva, se adelanta a defenderse de las “hondas” y resorteras de sus odiados vecinos y enemigos, aunque sean de la misma familia.
Las voces de todo el mundo se están alzando para condenar lo que califican de un acto de maldad y de barbarie rusa, no del pueblo, pero si de su dirigente Putin, quien imbuido de una impiedad inhumana, está masacrando indiscriminadamente al pueblo ucraniano.
Y saben, no es que Goliat le tema a David, quizá el gigante ya perdió la cordura, el poder posiblemente lo ha trastornado y esté pensando que si venció ya una vez al poderío Alemán, pues por qué no empezar por Ucrania para ir más allá, mucho más allá de sus fronteras.
P.D.- Ya tenemos la guerra, también la peste y el hambre en el mundo, ahora solo nos falta que llegue la muerte.






