ALFA Y OMEGA
ARMANDO JUAREZ BECERRA
Ayer por la tarde me senté frente a la maquinilla lap top donde escribo estos mis pergeños que tienen la intención de agradarle a ustedes mis tres o cuatro lectores, pero nada se me ocurría, tenía la mente cerrada, obstruida quizá por mis dolores físicos que aún me atosigan, aunque con mucha menos intensidad que hace unos días.
Sin embargo, pensé que algo bueno debería haber en la belleza del mundo que habitamos, digna de transmitirla a través de la palabra escrita y me puse a escudriñar en mi memoria todo lo hermoso que he visto, que he visitado, que he vivido a lo largo de mi existencia y sí, hay tanto en el mundo que merece deteneros a gozarlos en el pensamiento, que no nos alcanzaría el tiempo para terminar de llenarnos de alegría el espíritu.
Todo a nuestro alrededor nos fue dado por Dios para nuestro disfrute personal y es gratuito, pero quizá por lo mismo, por tenerlo a nuestro alcance visual todos los días, llegamos a no darle la importancia que en realidad tienen.
Dios nos construyó este hogar a la raza humana, un mundo donde nada nos falta para vivir plácidamente, donde contamos con todo lo que necesitamos para nuestro sostén, con solo estirar la mano, pero desgraciadamente los seres humanos echamos a perder tan increíble obra, al inventar el uso de dinero como intercambio en el valor de las cosas.
Las maravillas del mundo ya no son de todos, ahora son propiedad de quien más dinero ha logrado acumular. Sin embargo, ni el dinero, ni nada han logrado quitarnos el privilegio de poder disfrutar en forma visual de todo aquello que hace a nuestro planeta un lugar de ensueño.
Los mares, los ríos, las flores, la fauna, incluso el milagro de cada amanecer, de una tarde a la orilla de una laguna, de una noche estrellada en lo alto de los montes, son regalos a la vista y son de nuestra propiedad.
Todo eso lo tenemos con tan solo abrir los ojos y es para el alimento de nuestro espíritu, para la paz de nuestra alma.
Cierto que Dios también nos dotó de la fuerza física e intelectual para que podamos obtener provecho de todo lo que nos rodea, pero nunca nos alentó a que acumuláramos riquezas insanas, salvo aquellas que son fruto de nuestro propio trabajo.
Todo ser humano puede pasar por el ojo de una aguja, dijo Jesús y es posible que un camello también pueda hacerlo, eso es más fácil a que un rico pueda entrar al reino de los cielos.
Luego pues, disfrutemos la riqueza de la naturaleza, la belleza increíble de su existencia a nuestro alrededor, seguro que así tendremos la tranquilidad que necesitamos para vivir en paz con Dios y con nosotros mismos.
Entendamos que la misma vida es la riqueza más importante que Dios no dio y el mundo en que vivimos es nuestro capital para transitar por los caminos que nos habrán de llevar al Reino de los Cielos.
P.D.- El ser humano es por obra divina, la más inigualable maravilla de todo lo que es en el Universo, eso somos nosotros.






