JUSTA MEDIANÍA
POR David León Romero.
El deporte resulta una extraordinaria herramienta en la formación integral del ser humano. En un país como el nuestro, lograr socializar la práctica deportiva ayudaría —sin lugar a dudas— a construir individuos más sólidos y empáticos. Lograr que cada niño mexicano pueda experimentar el desarrollo de sus capacidades físicas y mentales, la competitividad, el trabajo en equipo, la satisfacción de la victoria y las enseñanzas de la derrota a través del deporte debe ser un objetivo prioritario. Deportistas solventes se traducen en ciudadanos —también— solventes.
Tanto el deporte profesional como el deporte amateur requieren de un fortalecimiento urgente. Ambas asignaturas hoy otorgan resultados alejados del potencial que los mexicanos tenemos. Salvo contadas excepciones encarnadas por ciertos deportistas y disciplinas, nuestros atletas no destacan a nivel internacional y nuestros habitantes carecen de instalaciones y oportunidades suficientes para practicar deporte.
Esas dos instituciones, en el pasado, a través de sus titulares, paradójicamente personas ligadas al deporte, han estado confrontadas, en diversos momentos, compitiendo entre ellas, en lugar de practicar uno de los valores más importantes de la disciplina deportiva llamado trabajo en equipo, que se define como la realización del mejor esfuerzo individual posible orientado a un objetivo común.
Estos dos clavadistas tienen frente a sí la valiosa oportunidad de colaborar juntos por el bien del deporte mexicano. De lo deseable lo posible: no tenemos el sistema deportivo mexicano que requerimos, ni las instalaciones suficientes, ni el presupuesto necesario; sin embargo, sí podemos generar una diferencia sumando esfuerzos entre las dos instituciones de mayor relevancia en el deporte mexicano. Que así sea.
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