JUSTA MEDIANIA,
POR David León Romero.
Más de 10 mil familias se dieron cita en Querétaro para la celebración del Torneo de la Amistad. Probablemente no existan dos herramientas más valiosas para nuestros hijos que la práctica deportiva y la familia.
La primera inculca en los niños valores fundamentales para la construcción de su perfil, además de elementos estructurales para su desempeño a lo largo de la vida. Es el deporte un extraordinario simulacro de vida; en el entrenamiento se siembra y en la competencia se cosecha. Las medallas no se ganan el día del combate o durante el juego final, sino diariamente mediante la repetición de pequeñas acciones que, acumuladas, se convierten en trofeos. El deporte es competitividad, esfuerzo, trabajo en equipo, respeto, disciplina y resiliencia -—entre muchas otras cosas más–—, valores útiles en la cancha, en el trabajo, en la escuela y en el hogar. El deporte aleja los vicios y acerca al desempeño pico. El deporte es el antídoto perfecto frente al sobrepeso, la obesidad y las amenazantes adicciones al alcohol y a las drogas.
Por otro lado, es la familia la célula más poderosa del tejido social; es en ella donde los niños reciben valores y lineamientos que definirán su personalidad y comportamiento. El deterioro del tejido social que en algunos sectores de nuestro país se sufre encuentra parte de su explicación en la crisis por la que atraviesan las familias. Debemos hacer un esfuerzo por proteger y cultivar a la familia; recuperar costumbres y tradiciones que nos unan y que permitan la transmisión de valores de una generación a otra.
Es justamente el Torneo de la Amistad un extraordinario evento que promueve estas dos herramientas, lo que deviene en un ciclo positivo que contagia a todos aquellos que tienen contacto con él.
En esta edición número 41, más de 80 delegaciones integradas por miles de niños y jóvenes deportistas de diferentes entidades de nuestro país y de Guatemala, El Salvador y Filipinas, se dieron cita en el estado de Querétaro para participar en distintas disciplinas deportivas y convivir en un entorno de competitividad cordial.
Los niños y jóvenes experimentaron la frustración de la derrota y la alegría que el triunfo hereda. Los padres de familia, además de organizar el evento, se dieron a la tarea de acompañar a sus hijos a lo largo de un año de entrenamientos que culminaron con una semana de competencias que les otorgaron —por encima de medallas y trofeos— valores fundamentales que serán de vital utilidad a lo largo de su vida.
El Torneo de la Amistad es un evento a replicar en todo el territorio nacional, de tal forma que permita a todos los niños de nuestro país experimentar la riqueza y valía de practicar deporte en un entorno de respeto y valores familiares.
Felicidades a todos los organizadores y participantes: atletas, alumnos, profesores, directores, padres de familia, patrocinadores, al Gobierno del estado de Querétaro y a sus alcaldías y a la Red de Colegios Semper Altius.
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