POR DAVID LEÓN ROMERO.
“Primero aprende el significado de lo que dices y luego habla”
Epicteto.
El Covid 19 será recordado como un suceso que provocó dolor y sufrimiento a millones de familias en prácticamente todas las naciones del planeta. Su aparición aceleró la evolución tecnológica y modificó la forma de colaborar y comunicarnos de manera radical. El trabajo y el estudio en sus modalidades remotas se incrementó, echando mano de la tecnología para intentar replicar el intercambio de información y la colaboración que el encuentro presencial permite.
Los principales proveedores de servicios de videocomunicación reportaron el cambio de dinámica. Mientras antes de la pandemia Zoom tenía 10 millones de usuarios, en medio de la misma reportaba ya 300 millones; de igual forma, Cisco Webex, en el mismo momento, duplicó sus millones de usuarios en el transcurso de solo algunos meses.
Muchas de las modificaciones en nuestra forma de trabajar, provocadas y precipitadas por la pandemia, llegaron para quedarse. En las cadenas de valor o suministro, existen tareas que resulta imposible hacer de manera remota, mientras otras, no necesariamente deben realizarse en un sitio específico. Ahora bien, no todos los individuos suelen alcanzar los niveles de productividad (y la concentración requerida para ello) que alcanzan en el lugar de trabajo, haciéndolo desde casa.

El trabajo remoto ha desahogado la saturación de instalaciones. Además, ha evitado traslados innecesarios para todos esos empleados sujetos de realizar sus tareas a distancia, incrementando su bienestar y disminuyendo su huella contaminante.
Un último reporte de la firma consultora Gallup, arroja datos realmente interesantes relacionados con este tema. Los empleados que trabajan siempre desde casa se sienten más comprometidos con su empresa, que aquellos que tienen un empleo híbrido (es decir, a veces presencial y otras remoto); los que manifiestan sentirse menos comprometidos -de todos- con su empleo, son los que trabajan permanentemente en el lugar de trabajo.
A los empleados comprometidos los caracteriza el entusiasmo y la pasión que imprimen en sus tareas y en las relaciones con sus colaboradores, condiciones que se reflejan directamente en su productividad y por ende en los resultados del negocio.
El empleado remoto experimenta una mayor libertad y requiere también un mayor nivel de autogestión, en comparación con aquellos que se encuentran en el lugar de trabajo. No obstante, el reporte demuestra también que los empleados que trabajan desde casa son aquellos que reportan experimentar en mayor medida enojo, tristeza y soledad; en resumen, para todos aquellos que trabajan exclusivamente desde casa, no todo ha sido miel sobre hojuelas.
Debemos aprovechar las ventajas que el presente nos ofrece, teniendo mucho cuidado de no caer en sus trampas. Existe un gran número de empleados que han -o hemos- borrado la línea divisoria entre el trabajo y la casa, haciendo de cualquier espacio una oficina, rompiendo así fronteras que permitían tomar distancia de las presiones y problemas que el trabajo arroja, desatendiendo aquella máxima que los viejos nos repetían: “no lleves tus problemas del trabajo a casa y viceversa”.

Como empleados que trabajamos total o parcialmente de manera remota, debemos renovar nuestro compromiso de esforzarnos por alcanzar niveles de concentración y productividad iguales o mayores que los de nuestros compañeros que trabajan en oficina, procurando dar su lugar a todo aquello no relacionado con nuestro empleo.
Como colaboradores de compañeros con trabajos remotos o híbridos, es fundamental respetar horarios y días que les permitan fortalecer las fronteras entre el trabajo y las demás esferas de la vida, permitiendo con ello bienestar y felicidad.






