
Séneca
La Semana Internacional de Concientización sobre el Estrés se celebra la primera semana del mes de noviembre. El tema a abordar este año será: “La optimización del bienestar de los empleados mediante la gestión estratégica del estrés.”
Los trabajos buscarán difundir una cultura laboral que priorice la seguridad psicológica del capital humano, procurando con ello la salud y, por ende, la productividad de la organización, logrando un ganar-ganar.
Es importante subrayar que México es uno de los países que mayores niveles de estrés laboral reporta; cerca del 80 % de los empleados mexicanos manifiestan padecerlo. Las causas nos son de todos conocidas: sobrecarga de trabajo, presiones, malos tratos, jornadas extenuantes, pérdida de la frontera entre el trabajo y las demás esferas de nuestra vida, entre muchas otras.

El estrés se define como la respuesta física y mental que presenta el individuo ante los estímulos del entorno. Reaccionamos liberando hormonas que provocan tensión física y emocional. El entorno, el momento y los enormes compromisos que tenemos nos obligan a poner atención en nuestra forma de gestionar el estrés.
Como hemos dicho con anterioridad, debemos tener muy claro qué podemos controlar y qué no. Es imposible atajar todos los estímulos que recibimos del exterior; no obstante, sí podemos evitar exponernos a algunos de ellos y, definitivamente, sí podemos gestionar de mejor manera nuestras reacciones. Debemos evitar a toda costa caer en esa especie de espiral de estrés que se detona con el estímulo, que provoca una reacción, que a su vez intensifica nuestra sensibilidad ante lo sucedido, complicando aún más nuestra situación.
Debemos tener presente que, como seres humanos, el estrés ha formado parte de nuestra historia, como esa respuesta fisiológica y conductual que nos ha permitido sobrevivir. En parte, por ello solemos adaptarnos y sentirnos —de alguna manera— cómodos o habituados a estar estresados. Simplificando un poco la idea: en el pasado, sobrevivían quienes se estresaban y lograban ponerse a salvo del peligro.
En cierta forma, hoy ciertos niveles de estrés nos obligan a actuar, a dar un extra en nuestro desempeño, a buscar nuevas formas de resolver los retos que se nos presentan y fuerzas para sortear los obstáculos que aparecen. El estrés, en su justa medida, nos estimula y fomenta nuestra creatividad y resistencia. En contraparte, cuando el estrés rebasa los niveles adecuados y forma parte de nuestra vida de manera permanente, se refleja de inmediato en el estado de nuestra salud física y mental.

Por ello, creo que debemos aplicar aquella vieja frase que dice: “Ni muy muy, ni tan tan.” Debemos procurar una adecuada gestión del estrés, buscando aprovechar las ventajas de que se presente para fortalecer y potenciar nuestro desempeño, pero manteniéndolo a raya, evitando que atente contra nuestra salud y contra el bienestar de las personas que nos rodean.
Una vez más, nuestros hábitos pueden ser parte del problema o parte de la solución. Hacer ejercicio regularmente, descansar lo suficiente, encontrar espacios y actividades para distraernos de lo que más energía nos demanda, y organizar de la mejor forma posible nuestros tiempos y actividades pueden ayudarnos a aprovechar el estrés y mitigar el riesgo que, en demasía, representa.
Si estás sumamente estresado, haz una pausa, respira, intenta dar la justa dimensión a la situación que enfrentas y emprende de nuevo. Recuerda que nada es más valioso que tu vida y tu salud.






