“Las obras se tienen medio terminadas cuando se han comenzado bien.”
Séneca.
Agoniza el 2025 y, con él, nuestros planes, objetivos, metas y esfuerzos: algunos inconclusos, otros finalizados, con éxitos y fracasos, pero todos arrojando un cúmulo de aprendizajes disponibles para quienes estén dispuestos a registrarlos.
El 2026 representa una nueva oportunidad para establecer objetivos y metas por conquistar. Uno de los deportes más desafiantes con los que he estado en contacto es el alpinismo; me resulta sumamente retador. Me motiva enormemente escuchar los relatos de aquellos alpinistas que pasan cierto periodo de tiempo en el campamento base, preparándose a fondo en lo mental, lo anímico y lo físico, a la espera de la mejor oportunidad para intentar subir a la cima. En ese sitio de preparación se requiere paciencia, sacrificio y determinación.
Resulta interesante reflexionar acerca del largo periodo de tiempo que el alpinista pasa preparándose en el campamento y escalando la montaña, mientras dedica solamente unos instantes a atesorar la cima. Cada elemento forma parte de un todo y construye el resultado final. La cima es fundamental: es el trofeo, es el instante en que se anota el punto, en que se cruza la línea de meta. Su significado y su valor son enormes; su duración, momentánea, y su trascendencia, perpetua.
Es justamente esa cima, entendida como la meta, el elemento que nos mantiene concentrados en el esfuerzo rutinario, sin divagar, y a la vez motivados por la ilusión y la esperanza de disfrutar esos instantes de gloria. Aunque he subido a la montaña solamente un par de ocasiones me gusta identificarme como aquel alpinista que se ubica en el campamento base y que eventualmente intentará el ascenso, empleándose a fondo para, finalmente, alcanzar la cúspide. Paradójicamente, el gran sabor de alcanzar la meta no se encuentra en ella misma, sino en el esfuerzo que se imprime a lo largo del recorrido para alcanzarla; incipiente sería que se nos otorgaran sin esfuerzo alguno.
Por lo anterior, fijar metas me resulta sumamente valioso, porque me obliga a planear cómo alcanzarlas. Especialistas sugieren que lo idóneo es establecer metas alineadas con nuestros valores e intereses de mayor relevancia en nuestras vidas, como la salud, la formación, la familia y la comunidad.
Es justamente en esta etapa del año cuando solemos revisar nuestro desempeño pasado y establecer los objetivos a perseguir en el año que comienza. Escucho algunas voces que sostienen no realizar este tipo de procesos; en lo personal, me resulta sumamente útil llevar a cabo ambos ejercicios de manera profunda. La reflexión honesta y objetiva nos mantiene, al menos, con cierta conciencia del punto en el que estamos y de cuán cerca o lejos nos encontramos del sitio al que queremos llegar.
Para el establecimiento de metas podemos apoyarnos en la teoría que sugiere que estas deben ser específicas, medibles, alcanzables, relevantes y limitadas en el tiempo. Idóneo sería que, además, nos obliguen a salir de nuestra zona de confort y a emplearnos a fondo en su consecución.
¡Cuidado! Fijar metas es solo el principio. Querer no es poder; querer es hacer. Después de formular la meta, debemos poner manos a la obra. Cuidado también con apresurar decisiones y cometer errores en el proceso. Paciencia y disciplina, como la del alpinista en el campamento base.





