Martín Día / La Nube
RÍO BRAVO, TAMPS. La ceremonia de honores a la bandera cada lunes es más que un simple acto protocolario; es un símbolo de respeto y compromiso con nuestra nación. Cuando el propio Gobierno de Río Bravo nos recuerda que “Honrar a la patria es trabajar por ella”, la ausencia de su máxima autoridad en estos eventos, el alcalde Miguel Ángel Almaraz, no pasa desapercibida.
Esta situación abre un debate sobre la coherencia entre el discurso y los hechos.
- ¿Cómo podemos interpretar un mensaje de amor y servicio a la patria si quien lo enarbola no participa en los actos que lo simbolizan?

Aquí algunas reflexiones que surgen ante esta notable ausencia:
- Doble discurso: Se predica un valor cívico que no se practica. Esto mina la credibilidad del mensaje oficial y genera la percepción de que los principios patrios son solo una estrategia de imagen.
- Desprecio al simbolismo: Para muchos ciudadanos y empleados municipales, estos honores representan identidad, respeto y pertenencia. La falta del alcalde puede interpretarse como restarle importancia a estos valores fundamentales.
- Desánimo ciudadano: Mientras los empleados municipales cumplen cada lunes con su deber cívico, la ausencia de su líder puede generar desánimo y la sensación de que existen “dobles varas” en las obligaciones.
En la política, las ausencias son tan poderosas como las presencias. El vacío físico del alcalde en la fila de honores no es solo un espacio en blanco, sino un vacío simbólico que deja una huella en el mensaje oficial y en la confianza de la ciudadanía.
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