Hipódromo Político por Carlos G. Cortés García
- El magnicidio del entonces candidato del PRI a la presidencia de México, Luis Donaldo Colosio Murrieta, ocurrido el 23 de marzo de 1994, vino a cambiar el sentido de la política en México, ya que con este hecho de sangre se acabó la época de la estabilidad política y nos obligó a vivir una serie de cambios que fueron desde la alternancia política, a nivel federal, estatal y municipal, hasta la ciudadanización de los procesos electorales y la participación del crimen organizado en la elección de autoridades, entre otros.
A más de tres décadas del magnicidio de Luis Donaldo Colosio Murrieta, ex candidato del PRI a la presidencia de México, el hecho ha sido una presencia constante en la vida pública nacional.
Y es que el 23 de marzo de 1994 quedó marcado, como una de las fechas más dolorosas en la historia contemporánea de México. El asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional, no solo truncó una campaña electoral y la vida de una familia, sino que fracturó la narrativa de estabilidad política que el país había sostenido durante décadas.
México vivía entonces bajo un régimen de partido dominante. Y hasta ese momento, el PRI había gobernado por más de 70 años y Colosio representaba un intento de renovación interna, una apertura que buscaba modernizar el sistema político, pero sin resquebrajarse.
Y su discurso del 6 de marzo de 1994 —aquel en el que habló de que veía un México con hambre y sed de justicia— fue interpretado como una autocrítica inusual dentro del poder. Y dos semanas después, los disparos en Lomas Taurinas silenciaron no solo a un candidato, sino a una promesa de transición pactada.
El magnicidio de Colosio, pues, abrió una crisis de confianza que al día de hoy aún no cicatriza del todo. La versión oficial, que aseguró a un asesino solitario, nunca logró disipar las sospechas sociales. Las dudas, teorías y cuestionamientos sobre posibles redes de poder involucradas sembraron la desconfianza estructural hacia las instituciones.
xEl asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta no fue sólo un crimen político: fue, en toda la extensión del término, un magnicidio. Colosio no era un actor menor en la escena pública; era el candidato presidencial del partido gobernante y, para muchos, el inminente jefe del Estado mexicano. Su muerte, perpetrada en plena campaña el 23 de marzo de 1994 en Tijuana, en Lomas Taurinas, fracturó la estabilidad política, alteró el rumbo electoral y dejó una herida abierta en la memoria nacional.
Un magnicidio se define por la estatura pública de la víctima y por el impacto institucional del hecho, y en ambos sentidos el caso Colosio encaja con contundencia: se atentó contra una figura clave del poder y se cimbraron las estructuras políticas de todo un país.
A partir de ese momento, la ciudadanía comenzó a mirar la política con mayor escepticismo. El caso Colosio se convirtió en símbolo de opacidad, impunidad y fragilidad institucional. Y la percepción de que “algo no cuadraba” debilitó la credibilidad del Estado y aceleró el desgaste del sistema político tradicional.
Aunque la transición democrática mexicana ya estaba en marcha, 1994 fue el año que evidenció que el modelo político estaba agotado. La crisis política, sumada a la convulsión social de ese periodo, debilitó la hegemonía priista y abrió paso a una competencia electoral más auténtica.
Seis años después de la muerte de Colosio, en el año 2000, se concretaría la alternancia presidencial. Por primera vez en la historia moderna de México, el PRI perdía la Presidencia de la República tras más de 70 años de gobierno. Y muchos analistas coinciden, aún al día de hoy, en que el asesinato de Colosio aceleró ese proceso al romper la narrativa de control político absoluto.
Y con el paso del tiempo, Colosio dejó de ser solo una figura histórica para convertirse en una referencia ética. Su imagen encarna la idea de una política con sensibilidad social, de liderazgo, cercanía a la gente y de reforma institucional con responsabilidad.
Asimismo, distintas fuerzas políticas evocan su memoria cuando hablan de cambio con estabilidad, justicia social y renovación democrática. Y su figura funciona como contraste frente a prácticas de poder que la ciudadanía rechaza: corrupción, simulación y lejanía con la sociedad.
En esa dimensión simbólica, también influye la trayectoria pública de su hijo, Luis Donaldo Colosio Riojas, quien ha mantenido vigente el apellido en la conversación nacional desde espacios de gobierno local en Nuevo León, llevando a su padre hasta el debate político nacional. Más allá de filiaciones partidistas, su presencia reactiva la memoria colectiva de un proyecto inconcluso.
El magnicidio también dejó huella en la arquitectura democrática del país. Y la necesidad de elecciones confiables. La muerte de Luis Donaldo impulsó reformas que fortalecieron la autonomía de las autoridades electorales, proceso que derivó en el actual Instituto Nacional Electoral y se ampliaron mecanismos de observación ciudadana, se equilibró la competencia entre partidos y se robusteció la cultura de vigilancia democrática.
A partir de ese momento, la sociedad mexicana se volvió más crítica, más participativa y menos dispuesta a aceptar verdades oficiales sin cuestionamiento. Y treinta y dos años después, el caso Colosio sigue presente en la memoria colectiva, política e histórica nacional, como un recuerdo, símbolo y advertencia.
Esta tragedia marcó a toda una generación y se convirtió en el símbolo de una política que aspiraba a ser más justa y cercana a la gente, advertencia de los riesgos de un sistema cerrado al cambio.
El asesinato de Colosio no pertenece únicamente al pasado. Su eco resuena en cada debate sobre democracia, legitimidad y liderazgo. Y México, nuestro México, aún conversa con esa historia porque, en muchos sentidos, sigue buscando el país que aquel candidato imaginó.
Y cómo olvidar esa pieza fuerte discursiva del candidato a la presidencia de México, ofrecida el 6 de marzo de 1994, durante la conmemoración del 65 aniversario del PRI, en el Monumento a la Revolución en la Ciudad de México y que se asegura, fue el momento exacto del rompimiento político que desencadenó su muerte:
“Veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por el abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales. Los ciudadanos merecen gobiernos que les cumplan.
Veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan. Ciudadanos que aún no tienen fincada en el futuro la derrota; son ciudadanos que tienen esperanza y que están dispuestos a sumar su esfuerzo para alcanzar el progreso”.
Para mi, ese discurso tiene un alto nivel de actualidad, en otra circunstancia, pero la gente sigue buscando un cambio, ese cambio que les permita vivir mejor.
Lo que llama la atención, a treinta y dos años del magnicidio de Luis Donaldo Colosio Murrieta, ha sido la petición del hijo del malogrado candidato presidencial, Luis Donaldo Colosio Riojas, a la presidenta Claudia Sheinbaum, para considerar otorgar indulto a Mario Aburto, presunto asesino solitario de su padre.
Colosio Riojas quien podría ser candidato de Movimiento Ciudadano al Gobierno de Nuevo León en 2027 o a la presidencia de México en 2030, pidió cerrar definitivamente el expediente que, a su juicio, ha sido manipulado durante décadas, argumentando que México debería mirar hacia adelante y, por fin, cerrar esa herida.
PD. 1. Con acciones concretas y beneficios tangibles en materia de infraestructura, uniformes, útiles escolares, y calidad educativa, a través de los aprendizajes fundamentales, el Gobierno humanista de Tamaulipas, que lidera el gobernador Américo Villarreal Anaya, avanza con paso decidido en la transformación educativa. Así lo aseguró el titular de la Secretaría de Educación en Tamaulipas, Miguel Ángel Valdez García, quien señaló que uno de los programas más humanistas es la entrega de uniformes y útiles escolares, que impacta positivamente a miles de niñas, niños y adolescentes, y a sus familias, principalmente en aquellos municipios del área rural y en algunas zonas urbanas vulnerables. Y es éste, sin duda, uno de los programas insignia del Gobierno de Tamaulipas que impacta de gran calado en las familias tamaulipecas.
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2026





