Vimos -mi hijo Carlos, mi nuera Paty y yo-, el aviso en Face Boock- sobre la jornada de vacunación para la tercera dosis que se llevaría a efecto a partir de ayer lunes y prestos estuvimos a primera hora para que se nos aplicara el anti virus, fuimos temprano pensando que habría mucha gente, pero no, afortunadamente había poca demanda, como si Ciudad Madero estuviera libre de la maldita pandemia.
Yo me adelanté a mi hijo y a mi nuera y llegando a la puerta de entrada a la Unidad Deportiva, batallando con mi bendito bastón -salvador de mis dolores de rodilla- cuando escuché una voz que me nombraba “Don Armando, que gusto verlo, hace ya rato que no nos encontramos por ahí”. Era Juan Carlos García, hijo de mi amigo Jesús (a) El Garaballo.
Me dio gusto saludarlo y luego de un breve saludo y corta charla, me presentó con una joven muy atenta llamada Chely, que se desempeñaba como colaboradora del evento.
¿Vienes a vacunarse verdad?, -lógico me dije a mi mismo- “Si, le respondí”, ¿Y su cubre bocas? Me preguntó otra vez, -Chin, me volví a decir a mi mismo-. “Se me olvidó en el carro”, le dije con un poco de vergüenza, por tarugo.
Luego me dijo Chely “¿Y dónde está su carro?”, “allá, al final del estacionamiento”, le indiqué. Chely vió mi bastón y mi cara de compungido y pronta dijo, “deme las llaves, yo le traigo su cubre bocas”. Sentí que mi rodilla lesionada como que descansó y me envió un mensaje de “Uff, de la que me salvé”.
Regresó Chely con el cubre bocas y pidió una silla de ruedas a otra colaboradora, la que rechacé con mucha pena y otra vez me dije a mi mismo “¡que dirán mis amistades si me vieran!”.
Vanidad de vanidades.
Total ahí vamos y oh sorpresa, el trayecto estaba peor que lo del cubre bocas y sentí que mi rodilla me envió otro mensaje “¡¡Ya vez pendejo, por andar de presumido¡¡”.
Al fin llegamos a los módulos, pero Chely como que era muy estimada por todos, -la saludaban y la abrazaban-, me llevó hasta el frente de uno las mesas de vacunación y quizá por la incapacidad manifiesta de mi rodilla me vacunaron más rápido que un flechazo indio y…..ahí voy de vuelta, pero Dios se apiadó de mi y que creen, otra servidora de la Nación traía ya una silla de ruedas que Chely le pidió.
Esta vez nadie me preguntó, vi la silla y me dejé caer antes de que alguien me la ganara y tal parece que mi rodilla me gritó “¡¡eso guey, así se hace¡¡”.
De regreso, me llevaron en la silla de ruedas hasta donde estaba estacionado mi auto, ya vacunado y consentido y con mi rodilla descansada, callada, como que iba muy a gusto, sin el uso del bastón.
Le doy gracias a Dios porque todo salió bien, seguro que El me envió a Chely, que con su encantadora actitud natural de gente bien nacida, me evitó un sufrimiento extra al dolor y al mal humor de mi rodilla izquierda.
P.D.- Dios creó el paso inescrutable de las horas y los minutos, para que los presumidos como yo, entendamos que El si nos perdona, pero el Tiempo no.





