LA MADRE TIERRA POR CARLOS CORTÉS VELÁZQUEZ
En una colaboración anterior, les platique que el volcán Hunga Tonga-Hunga Ha’Apai, en el Pacífico sur, ocurrió el pasado 15 de enero de este año, y que generó una de las mayores erupciones observadas en la era satelital. La explosión se escuchó en islas a centenares de kilómetros y un tsunami recorrió el océano.
Tras un período de quietud, que duró 38 años, el volcán Mauna Loa, uno de los cinco volcanes que forman la isla de Hawái en el estado de Hawái, ha vuelto a despertar.

El Mauna Loa, considerado el volcán activo más grande del mundo, entró en erupción el domingo pasado cerca del mediodía. La lava se derramó en Moku’āweoweo, la cumbre (con forma de cuenco) del volcán y tiñó el cielo negro azulado de tonos carmesí.
A lo largo de la noche, la lava continuó fluyendo principalmente dentro del volcán y solo una pequeña cantidad se derramó por uno de sus costados hacia el exterior. Pero cuando salió el sol, se vio cómo la roca brotaba de las grietas nuevas en los flancos nororientales del volcán, una sección de la montaña que se está separando poco a poco.

Por el momento, el volcán no constituye una amenaza para ningún centro de población importante y no se ha ordenado evacuar la zona, pero el fenómeno avanza rápidamente y las erupciones pasadas en el Mauna Loa han sido impredecibles.
“Hay erupciones en Mauna Loa que terminan en un día. Otras duran mucho tiempo. La verdad es que en este momento no hay forma de saber qué pasará”, explica Jackie Caplan-Auerbach, sismóloga de volcanes de la Universidad de Western Washington.
Por ahora, el Mauna Loa parece seguir un patrón conocido: “empezó en la cumbre, y se movió muy rápido a la zona de fracturas. Típicamente, permanece en esa zona de ruptura y no se mueve a ninguna otra parte del volcán”, dice Wendy Stovall, vulcanóloga del Volcano Hazards Program (Programa de Peligros de Volcanes) del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS).

Este es un día para el que, los vulcanólogos, en especial los del Observatorio de Volcanes de Hawái del USGS, se han preparado con ansias durante décadas. Aunque la erupción ya está en marcha, todavía no se vislumbra un escenario destructivo, por lo que los investigadores pueden respirar con cierto alivio.
A pesar de ser uno de los volcanes de la Tierra que más se vigila, el Mauna Loa aún no ha revelado la mayoría de sus secretos. Si bien se han presentado algunos patrones comunes, cada erupción ha sido particular.
En 1859 hubo una erupción que duró 300 días y produjo un flujo asombroso de 51 kilómetros de largo: destruyó pueblos y recursos vitales. Unos 91 años más tarde se produjo una erupción que duró solo 23 días, pero arrojó 375 millones de metros cúbicos de lava en la Isla Grande de Hawái y destruyó parte de la infraestructura de la isla.

La erupción más reciente antes de la actual, en 1984, casi se traga a Hilo: un escenario que, en el pasado, las autoridades han intentado evitar sin éxito utilizando explosivos para desviar los flujos de lava del Mauna Loa.
Desde 2019, el Mauna Loa ha tenido una actividad considerable. Sus cambios de forma y sacudidas han sugerido que en su interior el magma se agitaba. El pasado mes de septiembre, la agitación se acentuó aún más, lo que llevó a los investigadores a sospechar que el magma se estaba dirigiendo a un depósito en la cumbre. Enseguida, los miembros de la defensa civil de Hawái se reunieron para preparar a los residentes para un posible escenario de emergencia.
Poco antes de que el magma saliera a la superficie, el 27 de noviembre, el volcán comenzó a temblar furiosamente. “Hubo casi una hora de movimiento sísmico elevado a medida que el magma se desplazaba desde la región de almacenamiento de la cumbre hasta terminar en erupción. Esa fue toda la advertencia que tuvimos”, dice Stovall.

Como han demostrado los anteriores paroxismos del Mauna Loa, es difícil saber cómo puede evolucionar una determinada erupción. Cabe la posibilidad de que haya actividad explosiva en la cumbre, que puede producir penachos de ceniza efímeros, pero es poco probable durante esta erupción. Las principales amenazas son los flujos de lava procedentes del flanco del volcán, y el hecho de que lleguen a ser destructivos depende de lo abundantes y persistentes que resulten.
La lava podría cortar la carretera Saddle, que atraviesa la isla, y poner en peligro partes del cercano Observatorio del Mauna Loa. De ocurrir esto, ocasionaría muchos inconvenientes, pero está muy lejos de las posibilidades más devastadoras.

Según Stovall, no hay que descartar la continua amenaza para la vida y la propiedad, pero los vulcanólogos, “sienten alivio, sobre todo porque el actual no es el peor escenario”.
Mientras tanto, el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) y sus socios seguirán vigilando el volcán a todas horas y, tan pronto como sea posible, los científicos trabajarán en la zona para tomar muestras de la lava y ver cómo cambia su composición (y su potencial de explosiones destructivas) a medida que se desarrolla la erupción.
Hasta ahora, dice Stovall, el Mauna Loa “se está comportando bien”. “Esperamos que siga así. Este es solo el principio”, advierte.
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