LA MADRE TIERRA POR CARLOS CORTÉS VELÁZQUEZ
Turquía es un país transcontinental, y mientras la mayor parte de su territorio se sitúa en Asia Occidental y la menor se ubica al oeste del mar de Mármara, en Europa Oriental, que se extiende por toda la península de Anatolia y Tracia Oriental en la zona de los Balcanes.
A partir del pasado 6 de febrero, una serie de terremotos asolaron el sudeste de Turquía y el noroeste de Siria, que dejaron al menos 47.000 muertos. En Ankara, tres semanas después de esta tragedia, dieron por terminados los trabajos de búsqueda de sobrevivientes en las provincias de Sanliurfa y Kilis. Y el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, reconoció, el pasado 10 de febrero, que la respuesta a los terremotos “no fue todo lo rápida” que se hubiera deseado, debido a los daños sufridos en las carreteras, a las inclemencias del tiempo y al hecho de que mucha gente trataba de huir de las zonas afectadas en vehículos particulares.

El mandatario turco, sin embargo, ha respondido a las críticas argumentando que “nadie puede cuestionar el compromiso” del Gobierno y que el hecho de que la zona afectada fuese “tan extensa” hizo de esta una tarea “muy complicada”. En Siria, el otro país afectado por estos movimientos telúricos, el presidente, Bachar Al Asad, se desplazó a las zonas afectadas por los sismos, donde visitó a algunos heridos en el Hospital Universitario de Alepo. Se trató del primer viaje del mandatario a las regiones más castigadas por los temblores.
El pasado 23 de febrero, el ministro turco del Interior, Süleyman Soylu, elevó el número de muertos en Turquía por el terremoto de magnitud 7.8 grados a 43,556. Sin embargo, la cifra total de víctimas, entre Turquía y Siria, fue de al menos 47,244.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) negoció con el Gobierno sirio llevar ayuda humanitaria a zonas rebeldes, ayuda que tiene almacenada dentro de ese país. A esto se suman las dificultades que hay para el transporte transfronterizo de ayuda desde Turquía por el daño que han sufrido la infraestructura terrestre.
Por su parte, países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), instalaron refugios semipermanentes en Turquía, equipados para alojar a las personas desplazadas a causa de los devastadores terremotos registrados del 6 de febrero.
Otro sismo de magnitud preliminar 6.4, ocurrió dos semanas después de los catastróficos temblores que asolaron a ese país y que han dejado más de 40 mil muertos.

De acuerdo con Centro Sismológico Europeo del Mediterráneo (CSEM), que lo reportó en magnitud 6.3, el temblor del 20 de febrero de 2023 se registró a una profundidad de dos kilómetros y sacudió la frontera entre Turquía y Siria. La agencia turca de emergencias señaló que el epicentro se situó en la localidad de Defne y el movimiento sísmico ocurrió a las 20:04 y se sintió hasta a 200 kilómetros de distancia
De acuerdo con los primeros reportes, el sismo provocó nuevos daños en los edificios que habían quedado de pie, tras la sacudida del 6 de febrero de 2023.
Tomando como ejemplo, en México vivimos en una zona sísmica por lo cual debemos prepararnos por si en nuestro país llegase a registrarse un sismo de devastadoras consecuencias, viniendo a la cabeza los ocurridos el 19 de septiembre de 1985, de 2017 y de 2021. Somos un país geológicamente vulnerable. Y ante la posibilidad de que nos ocurra un episodio de este tipo, debemos prepararnos ante lo inevitable.
Ya lo hemos vivido, ya lo hemos sufrido, y podríamos volverlo a padecer.
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