LA MADRE TIERRA POR CARLOS CORTÉS VELÁZQUEZ
Nueva York es una de las ciudades más poblada de los Estados Unidos de América y del mundo, con un área urbana de 24 millones de habitantes. Desde finales del siglo XIX es uno de los centros de la política y la economía mundial, albergando la sede de la Organización de las Naciones Unidas y de numerosas empresas e instituciones financieras de importancia global. Nueva York ejerce influencia a escala global en los medios de comunicación, la política, la educación, la arquitectura, el entretenimiento, las artes y la moda. Por todo ello, se considera una de las ciudades más globalizadas del planeta, con una gran diversidad cultural.

El pasado 6 de junio, unos 100 millones de personas en la costa este de América del Norte se enfrentaron a peligrosos niveles en la calidad del aire a medida que se propagaron intensos incendios forestales que afectaron a Canadá.
El humo cubrió grandes áreas de Ontario y Quebec, mientras que una neblina de color naranja se extendió por gran parte del noreste de Estados Unidos, durante los días 6 y 7 de junio. Toronto y Nueva York se sumaron a la lista de las áreas metropolitanas con la peor calidad del aire en el mundo en ese momento.

Las escuelas públicas de Nueva York cancelaron todas las actividades al aire libre y el alcalde, Eric Adams, pidió a los ciudadanos que limitaran sus actividades en el exterior. Los expertos apuntan que una primavera más cálida y seca de lo normal daba explicación de los incendios. Y se prevé que estas condiciones puedan mantenerse durante todo el verano.
Asimismo, el servicio meteorológico de Canadá emitió su advertencia más fuerte sobre la calidad del aire para Ottawa, al considerar que acarreó un «riesgo muy alto» para la salud de las personas. El deterioro de la calidad del aire también obligó que al menos una región de Quebec, la comunidad Atikamekw de Opitciwan (ubicada 350 kilómetros al norte de Montreal) trasladaron a las personas con asma y otros problemas respiratorios lejos del humo.

Mientras tanto, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) clasificó la calidad del aire en gran parte del noreste como «poco saludable», especialmente para las personas con problemas respiratorios.
De igual manera, la calidad del aire en Toronto se consideró de «alto riesgo».
Una neblina naranja cubrió el horizonte de Nueva York y ocultó lugares icónicos para los turistas como la Estatua de la Libertad.

Los residentes de la ciudad han comentado que el olor a humo parecía como el de una gran fogata. Además, la Estatua de la Libertad quedó envuelta en una neblina naranja causada por el humo de los incendios.
No cabe duda que estamos viviendo tiempos inéditos, derivado del serio daño que le hemos infringido a la naturaleza. Y estamos pagando la factura. ¿Qué planeta habremos de heredar a nuestras futuras generaciones? ¿Qué tenemos que hacer para mitigar los serios daños que le hemos hecho al mundo? No hay mucho tiempo para tomar decisiones de fondos inteligentes, donde participemos todos. Mañana, mañana, podría ser demasiado tarde.
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