LA MADRE TIERRA POR CARLOS CORTÉS VELÁZQUEZ
La Amazonia, es una vasta región de la parte septentrional de América del Sur, que comprende la selva tropical de la cuenca del río Amazonas. Las adyacentes regiones de Las Guayanas y el Gran Chaco, también poseen selvas tropicales, por lo que muchas veces se las considera parte de la Amazonia.
Sobre el tema, hay noticias muy malas. La Amazonía juega un papel crucial para el planeta, pues absorbe y concentra el carbono que estaría en la atmósfera. Pero esta capacidad se está reduciendo como resultado de la deforestación descontrolada y del cambio climático, especialmente en el este de la Amazonía. El bioma se está convirtiendo en un emisor de carbono en lugar de un sumidero.

Investigadores brasileños descubrieron que, la intensificación de la estación seca y la creciente deforestación, promueven una perturbación en el ecosistema, hasta que incrementa la incidencia de incendios y emisiones de gases de efecto invernadero.
Un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales, del Instituto de Investigaciones Energéticas y Nucleares, así como de instituciones internacionales como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, hizo los hallazgos. La revista Nature publicó el estudio y la Agencia Bori lo divulgó.

“En la práctica, hacemos que la Amazonía pierda su capacidad de eliminación del carbono de la atmósfera. Esto genera una serie de efectos de retroalimentación”, asegura Luciana Gatti, principal autora del estudio y coordinadora del Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero del INPE, en una entrevista. “Al principio, la deforestación libera carbono a la atmósfera y hace que el clima esté muy estresado, lo que aumenta la mortalidad de los árboles y genera emisiones mucho mayores que las absorciones. Así que estamos acelerando el cambio climático, porque echamos carbono en la atmósfera, reducimos la lluvia y aumentamos la temperatura, lo que ayuda a echar más CO2 a la atmósfera. Es un ciclo negativo”.

Los autores del artículo señalan que el balance de gases de efecto invernadero, particularmente el flujo de carbono, es un indicador del estado de salud de un ecosistema. Ellos recogieron muestras de aire a altitudes desde 150 metros a 4,5 kilómetros sobre el nivel del mar, en 590 mediciones tomadas en sobrevuelos entre 2010 y 2018. Analizaron las concentraciones de dióxido de carbono y monóxido de carbono. El trabajo se llevó a cabo en cuatro regiones del bioma, que representan el escenario de la Panamazonía.

En la región noreste, hubo una deforestación proporcional de un 31 por ciento del área durante 40 años. En la estación seca (agosto, septiembre y octubre), los científicos identificaron una caída del 34 por ciento en las precipitaciones y un aumento de 1,9 grado Celsius en la temperatura. En el sudeste del bioma, con el 26 por ciento de la cobertura vegetal removida, llovió el 24 por ciento menos en la estación seca y la temperatura promedio aumentó en 2,5 grados C. Las dos regiones ya se han convertido en emisoras de carbono, pues el volumen absorbido es menor que los gases emitidos por la combustión.
Las emisiones en la estación seca siguen neutrales en el oeste de la Amazonía y han compensado el balance de carbono en el bioma, pero la región ya experimenta los efectos dominó que se observaron en el este. En el noroeste, solo se deforestó el siete por ciento de la región, pero hubo una caída del 19 por ciento en las precipitaciones y un aumento de 1,7 grado Celsius en la temperatura promedio. En el suroeste, con el 13 por ciento de la vegetación suprimida, hubo una reducción del 20 por ciento en las precipitaciones y una elevación de 1,7 grado C.

Debemos de cuidar nuestro planeta, que es el único que, hasta hoy tenemos, y es el único que podremos heredarle a nuestras futuras generaciones. Pensemos en ellos antes de seguir tomando malas decisiones.
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