ALFA Y OMEGA
ARMANDO JUAREZ BECERRA
Dicen que los tiempos de Dios son perfectos, pero no son medibles con los cronómetros inventados por el ser humano y son inalcanzables para nuestro pobre entender de las decisiones Divinas.
De Dios sabemos lo que Jesús nos reveló, es decir, conocemos solo de su existencia, de su amor ´por nosotros sus hijos, de sus mandatos superiores y que es el Creador de todas las cosas que son y que existen.
Nada más.
Por eso quizá es que nuestra inteligencia no nos alcanza para entender las terribles tragedias que se viven día a día en nuestro mundo, no comprendemos porque si Dios es Omnipotente permite que sucedan cosas que a los humanos nos lastiman profundamente y solo de verlas en los medios de comunicación nos llenan de horror, de indignación y de rechazo a nuestra propia esencia de seres humanos.
Suceden en todo el mundo, actos dignos de la especie animal, cosas que ni una hiena sería capaz de hacer.
Lo malo de esto es que son tantos los ejemplos de actitudes bestiales cometidas por gente sin alma, que nos están convirtiendo en testigos pasivos de nuestra propia debacle espiritual.
Condenamos si, pero no somos capaces de buscar un remedio a tan diabólico comportamiento, a pesar de que la solución puede estar en la manera de educar a nuestros propios hijos.
El ser humano no es malo de nacimiento, son las circunstancias las que lo convierten en lo que son en la edad adulta, lo mismo en la pobreza que en la opulencia.
Cuentan que una madre reclamaba a Dios el porqué permitió que su hijito de 10 años falleciera de una enfermedad incurable, si el niño era bueno y tenía toda una vida por delante. La pobre mujer renegaba y blasfemaba contra El Padre, incapaz de aceptar la decisión Divina.
Una noche, cuando la mujer aquella dormía, Dios le envió un sueño donde, como película, pasó por sus ojos la vida que a su hijo le esperaba en caso de que no hubiera fallecido. El niño aquel fue creciendo pero en un momento dado tomó los caminos equivocados y terminó siendo un vasallo del mal.
Con el tiempo se convirtió en jefe sicario de un grupo delincuencial y cometió brutales actos en contra de hombres y mujeres que representaban un negocio o un peligro para él.
Luego, como una segunda parte de la película, Dios le envió a la madre del niño otro sueño, donde ahora aquel jovencito seguía siendo bueno y “vivía” en el lugar más hermoso de la dimensión del tiempo y el espacio.
Cuando despertó, la madre del menor entendió entonces que Dios había rescatado a su hijo del mal que le esperaba en la vida terrenal y fue entonces que la paz espiritual llegó a su alma.
Luego entonces, la Fe en Dios por un lado y la rectitud e inteligencia con la que eduquemos a nuestros hijos, puede ser la panacea social que nos conduzca a un futuro mejor, diferente al terrible presente que estamos viviendo, como protagonistas o como testigos.
P.D.-Fe en Dios.






