ALFA Y OMEGA
ARMANDO JUAREZ BECERRA
Después de invocar a los espíritus de Esopo y del genial Walt Disney, magistrales personajes que daban voz a las ranas, a las aves, a todos los animales y a cualquier objeto inanimado, escribo esta columna inspirada en la imaginaria charla entre dos vehículos de cuatro ruedas.
Carro 1.- Ya no soporto más, amigo, estoy harto y pienso renunciar a mis recorridos por la ciudad.
Carro 2.- Pues que te pasa.
Carro 1.- Ya estoy “hasta la má…quina” de circular por las destrozadas calles, si es que así se les puede llamar, que por todos lados abundan en esta pobre ciudad.
Carro 2.- Tienes razón amigo, “yo tambor dijo el del violín”, también voy a dejar de circular, estoy en reparación constante y no creo que me puedan dar de alta.
Luego, en apasionada queja por lo que estaban pasando, ambos hipotéticos sujetos se la pasaron señalando todas las imperfecciones de las calles de la ciudad.
Están llenas de baches, decían, hoyos, fisuras, rajaduras, elevaciones, grietas, hundimientos y luego, hasta topes que de nada sirven, porque de cualquier manera, no se puede circular a más de 20 km. por hora.
Hay calles que ya perdieron hasta el asfalto o el concreto, son viles caminos vecinales en pleno centro de la ciudad.
Pero eso no es todo, decían, existen obras inconclusas que tienen meses y hasta años abandonadas, creando un serio peligro para todo automóvil que por ahí tiene que pasar.
Yo, dijo el uno, cai en un bache que como advertencia de peligro tenía clavado un palo de escoba, pero estaba caído y ¡ZAZ¡, allá fui a dar y me desgracié todo el sistema de la suspensión.
Y en la plática salió el dato de que en la Ciudad de México existen 200 mil baches tan solo en algunos sectores alejados del centro, pero aquí, comentaban, de seguro que hay más.
Y es cierto, ya en serio, no hay explicación alguna por la que existan tan horrendas calles en una ciudad donde se ejerce un presupuesto suficiente para dejarlas transitables, porque mire usted, no solo las calles, las banquetas por donde se supone que debe caminar la gente, son verdaderas trampas mortales que a diario causan serios accidentes.
Ya no pavimenten nuevas, con que reparen las ya existentes, la gente se dará por satisfecha.
Hoy en día, se lo puedo asegurar, no existe una solo calle, excepto las recientemente pavimentadas, que no esté plagada de baches y hoyos por todos lados.
¿Que acaso la autoridad municipal no transita por las calles de su ciudad?, luego entonces, debería saber de qué estamos hablando, dirían los autos parlanchines, no sea que un día alguno de ellos salga de su casa y caiga en un socavón en pleno frente de su cochera.
Si a alguien se le ocurriera hacer un inventario de los baches que existen en las calles de la ciudad, de seguro necesitaría una computadora para lograrlo y muchos años para terminarlo.
P.D.- No hay peor ciego que el que no quiere ver y a quien le ajuste el saco, se lo puede poner.






