Por Enrique Cárdenas Ochoa
CIUDAD VICTORIA, TAMPS. En la antesala de un nuevo ciclo electoral que formalmente arrancará en septiembre de 2026, la vida interna de los partidos políticos vuelve a estar bajo el escrutinio. Para Morena en Tamaulipas, este momento ofrece no solo la oportunidad de consolidar liderazgos rumbo a las próximas elecciones, sino de demostrar si su discurso de cambio también se traduce en prácticas de, equidad y apertura real dentro de su propio proceso de selección de candidaturas.
Desde la administración municipal de Victoria, el Secretario del Ayuntamiento, Hugo Reséndez Silvia, ha puesto sobre la mesa una exigencia que apunta a la esencia del debate interno: garantizar un piso parejo para todos los aspirantes del partido, sin privilegios derivados de la ocupación de cargos públicos o de estructuras orgánicas. Esta idea, más allá de ser una consigna, propone un cambio en la lógica tradicional de las competencias internas, donde con frecuencia las candidaturas se deciden más por la cercanía al aparato, que por la vocación de servicio y la conexión con la ciudadanía.
La propuesta de que quienes formen parte de la dirigencia y aspiren a competir deban separarse de sus funciones para hacerlo no es un detalle menor. Implica reconocer que las condiciones de partida entre aspirantes deben ser lo más equitativas posibles, si se pretende una contienda interna legítima.
Al pedir un “piso parejo”, se busca que las decisiones sobre quién representará al partido ante la sociedad sean producto del mérito político, de la trayectoria en el territorio y del contacto con la gente, y no simplemente de accesos privilegiados a recursos o estructuras.
Este reclamo se vuelve aún más significativo cuando se enmarca en una militancia que observa con creciente exigencia la coherencia entre el discurso de transformación y las prácticas internas reales. Si el objetivo es fortalecer la confianza ciudadana en las instituciones y en los partidos políticos, resulta indispensable que los procesos internos se conduzcan con transparencia, imparcialidad y apertura.
Además, la insistencia en medir el trabajo “en el territorio, cerca de la ciudadanía” sugiere que la competitividad política debería fundamentarse más en la empatía y en la cercanía con los problemas reales de la gente que en la simple presencia mediática o en mediciones estadísticas aisladas. Esto no niega el valor de las encuestas como herramientas de referencia, pero sí pone el acento en que, la legitimidad de un aspirante se construye en el diálogo cotidiano con la comunidad, donde sus necesidades y expectativas se sienten con mayor intensidad.
El llamado a una contienda interna justa no está exento de desafíos. Los partidos suelen enfrentar tensiones entre quienes desean consolidar figuras competitivas y quienes buscan preservar equilibrios internos. Sin embargo, ante una ciudadanía cada vez más exigente, la forma en que se conduzcan estos procesos será clave para la percepción pública de legitimidad y eficacia política.
Morena, como cualquier fuerza política en competencia, tiene ante sí la posibilidad de demostrar que puede integrar la equidad interna como un valor tangible y no solo retórico. Abrir espacios reales de participación y garantizar condiciones equitativas para todos los aspirantes, puede ser un paso hacia la reconstrucción de la confianza política, en una época en la que la ciudadanía demanda coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Al final, la política se mide no solo en las urnas, sino en la calidad de los procesos que conducen a las candidaturas y a las decisiones que definen el rumbo de las comunidades. En este sentido, la apuesta por la equidad interna es también una apuesta por la, credibilidad democrática, de quienes aspiran a representar a la sociedad en los próximos comicios.
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