“La pérdida no es más que cambio, y el cambio es el deleite de la naturaleza”.
Marco Aurelio
POR DAVID LEÓN ROMERO.
Estamos en la recta final del año 2025. Si se tratara de un maratón —carrera cuyo nombre significa recorrer la friolera de 42 kilómetros—, en teoría lo más difícil ya habría pasado; y digo “en teoría” porque quienes saben de esto afirman que la barrera más fuerte se cruza cerca del kilómetro 32, cuando, entre muchos otros efectos, nuestro cuerpo cambia de combustible, pasando de consumir azúcar a demandar grasa. Ese proceso, sumado al dolor y la fatiga, genera en el corredor una tremenda incomodidad.

No obstante, esta recta final del año no será para todos de bajada. El invierno suele ser una etapa en la que, dependiendo de nuestro contexto y nuestras circunstancias, las emociones se agolpan, colocándonos en un espacio de esperanza o de desolación.
Suele ser el invierno una estación sumamente difícil para algunos de nosotros. Las estadísticas marcan que es durante esta estación cuando los padecimientos que afectan nuestra salud mental agudizan sus efectos y consecuencias.
Son diversas las causas que alimentan esta situación: las bajas temperaturas, la ausencia de luz solar, la soledad, el proceso de hacer un corte de caja y darnos cuenta de que el cierre de año no fue como lo esperábamos al inicio, y posiblemente también el recuerdo de aquellos que se fueron con alguna de las hojas del calendario.
Para otros, las fiestas decembrinas representan el nacimiento del Hijo de Dios, con un significado de gloria y esperanza, acompañado de la promesa de un futuro mejor y el entusiasmo de un nuevo comienzo.

Independientemente de dónde estamos y quiénes somos, me atrevo a asegurar que el saldo no es enteramente positivo ni perfecto; no obstante, por difícil que resulte el presente y retador el futuro, podemos recuperar algunos elementos como asidero para sacudirnos la tristeza, el desánimo y la melancolía.
En un entorno de retos, incertidumbre y adversidad, donde el obstáculo suele ser la constante en el camino, te invito a practicar durante los próximos 40 días un sencillo ejercicio que, sin lugar a dudas, te ayudará —en mayor o menor medida— a sortear de mejor forma esta recta final del 2025.
En cuanto abras los ojos cada mañana, agradece a Dios, a los tuyos, al universo o a cualquier cosa en la que creas —incluido tú mismo— por tener la oportunidad de estar vivo, para disfrutar de lo poquito o de lo mucho que valores, o para intentar cultivarlo o recuperarlo. Inmediatamente después de ese agradecimiento inicial, acompaña el momento agradeciendo también al menos una cosa más: la almohada sobre la que pudiste descansar durante la noche, el techo que te tuvo a resguardo, la ausencia de llamadas de emergencia o la presencia en tu vida de alguien a quien quieres o te quiere. Repite este mismo ejercicio por la noche, agradeciendo algo positivo que te haya sucedido a lo largo de la jornada.

Agradecer cambia radicalmente nuestra situación y nuestro estado de ánimo. Si has sido bendecido con lo indispensable, aprovecha estos 40 días que restan de este año para tender la mano a todos aquellos que te rodean, en mayor medida a quienes atraviesan por una situación delicada o se encuentran más desprotegidos.
Enfrentemos con agradecimiento, alegría y entusiasmo la recta final de este año, independientemente del saldo que nos hereda.






