{"id":13485,"date":"2022-01-13T06:33:54","date_gmt":"2022-01-13T12:33:54","guid":{"rendered":"https:\/\/elreportero.mx\/inicio\/?p=13485"},"modified":"2022-01-13T06:33:54","modified_gmt":"2022-01-13T12:33:54","slug":"la-cuenta-atras-para-boris-johnson-cuantos-diputados-piden-su-dimision-y-como-pueden-echarle","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elreportero.mx\/inicio\/2022\/01\/13\/la-cuenta-atras-para-boris-johnson-cuantos-diputados-piden-su-dimision-y-como-pueden-echarle\/","title":{"rendered":"La cuenta atr\u00e1s para Boris Johnson: Cu\u00e1ntos diputados piden su dimisi\u00f3n y c\u00f3mo pueden echarle"},"content":{"rendered":"<ul>\n<li>El hist\u00f3rico Comit\u00e9 1922, que dirige el grupo parlamentario conservador, mantiene en secreto el n\u00famero de \u201ccartas de no confianza\u201d que recibe. Si alcanza la cifra de 54, se activar\u00e1 la moci\u00f3n de censura interna contra el primer ministro<\/li>\n<\/ul>\n<p><strong>AGENCIAS.<\/strong> El mecanismo interno para que el Partido Conservador se deshaga de su primer ministro tiene algo de arcano y misterioso, pero cuando se pone en marcha, desata un terremoto pol\u00edtico de primera magnitud. Boris Johnson se encuentra en estos momentos en el limbo. Hasta el momento, solo media docena de diputados conservadores han pedido p\u00fablicamente su dimisi\u00f3n, pero nadie es capaz de aventurar cu\u00e1ntos m\u00e1s puedes hacerlo en los pr\u00f3ximos d\u00edas, y si ser\u00e1n suficientes para poner en marcha el mecanismo de destituci\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de sus medias disculpas en la C\u00e1mara de los Comunes, de su admisi\u00f3n de que estuvo en la fiesta prohibida del jard\u00edn de Downing Street del 20 de mayo de 2020, y de su endeble excusa de que pens\u00f3 que era una reuni\u00f3n de trabajo, al primer ministro del Reino Unido no le queda otra que apretar los dientes y esperar el desenlace de dos acontencimientos sobre lo que no tiene el menor control. En primer lugar, la vicesecretaria permanente de la Oficina del Gabinete, Sue Gray, una alta funcionaria con fama de dura e intachable, debe concluir la investigaci\u00f3n interna que el propio Gobierno le ha encomendado, y que abarca hasta media docena de fiestas en dependencias ministeriales. Incluida aquella a la que asisiti\u00f3 Johnson, y que m\u00e1s peligro conlleva para su futuro pol\u00edtico.<\/p>\n<p>La presi\u00f3n del momento acelerar\u00e1 los trabajos de Gray, que deber\u00edan concluir para finales de la semana que viene. Es pr\u00e1cticamente imposible que su informe tenga un tono exculpatorio, dada la acumulaci\u00f3n de pruebas aireadas y, sobre todo, del grado de indignaci\u00f3n reinante entre la ciudadan\u00eda, la oposici\u00f3n y los propios diputados del Partido Conservador.<\/p>\n<p>Pero los matices que incorpore, o hasta d\u00f3nde alcance a se\u00f1alar responsables, ser\u00e1n muy importantes. Si concede cierto p\u00e1bulo a la excusa de Johnson de que pens\u00f3 que se dirig\u00eda a una reuni\u00f3n -claramente informal- del personal a su servicio, el primer ministro podr\u00eda recobrar algo de ox\u00edgeno. Sobre todo si, a la vez, ruedan las cabezas de algunos pesos pesados de su equipo de Downing Street y, lo que es m\u00e1s importante, la Polic\u00eda Metropolitana se da por satisfecha con las conclusiones y decide aparcar el caso, en l\u00ednea con su regla de no investigar retrospectivamente violaciones de las normas de distanciamiento social. \u201cEl informe de Sue Gray puede ser muy duro contra Johnson, pero si la polic\u00eda decide no hacer uso de \u00e9l, y logra que la mayor\u00eda de los diputados se mantengan a su lado a pesar de todos los problemas\u201d, aventura Paul Goodman, exparlamentario y director de la p\u00e1gina web ConservativeHome, \u201cel Gobierno puede acabar recuperando un cierto grado de normalidad\u201d.<\/p>\n<ul>\n<li><strong>EL COMIT\u00c9 1922<\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p>De momento, esa hip\u00f3tesis suena excesivamente optimista para un primer ministro que atraviesa su crisis m\u00e1s delicada desde que lleg\u00f3 a Downing Street hace dos a\u00f1os, y al que los medios conservadores del Reino Unido dan pr\u00e1cticamente por finiquitado. Los \u00e1nimos dentro del Partido Conservador est\u00e1n muy revueltos, pero todav\u00eda no hay una facci\u00f3n que encabece el mot\u00edn -como ocurri\u00f3 con Theresa May o con Margaret Thatcher- ni un rival alternativo que comience a despuntar. Hasta 26 parlamentarios tories han pedido p\u00fablicamente, con mayor o menor intensidad, la dimisi\u00f3n de Johnson.<\/p>\n<p>Pero la cifra, aireada insistentemente en las \u00faltimas horas, lleva cierta trampa. De todos ellos, 20 son diputados del Parlamento Aut\u00f3nomo de Escocia (conocido como Holyrood, por el palacio donde se ubica). Para entenderlo bien, vendr\u00edan a ser algo similar a diputados espa\u00f1oles del PP en el Parlamento Vasco o Catal\u00e1n. Encabezados por Douglas Ross, su actual l\u00edder, que ha sido el primero en exigir la renuncia del primer ministro despu\u00e9s de hablar con \u00e9l por tel\u00e9fono este mi\u00e9rcoles, tienen la imperiosa necesidad, si desean salir de la marginalidad que habitan en la pol\u00edtica escocesa, de poner distancia entre ellos y una figura como la de Johnson, que tiene un alto componente t\u00f3xico en ese territorio aut\u00f3nomo y ha sido clave para alimentar el discurso independentista. A la hora de la verdad, ninguno de estos diputados auton\u00f3micos podr\u00eda votar en una hipot\u00e9tica moci\u00f3n de censura interna para derrocar a Johnson. Solo puede hacerlo Ross, porque es adem\u00e1s parlamentario nacional.<\/p>\n<p>Por eso, en esa direcci\u00f3n, son mucho m\u00e1s relevantes las declaraciones de diputados de Westminster como William Wragg, Roger Gale, Julian Sturdy o Caroline Nokes. A su propia rabia o decepci\u00f3n personal con Johnson, suman el factor decisivo para que cualquier pol\u00edtico opte por retirarle su apoyo: \u201cEl mensaje que estoy recibiendo de los votantes de mi circunscripci\u00f3n es que se sienten decepcionados y traicionados, despu\u00e9s del inmenso esfuerzo que supuso para ellos obedecer las reglas durante la pandemia\u201d, explicaba Nokes en la cadena televisiva ITV.<\/p>\n<p>De todos ellos, solo dos han admitido abiertamente que ya han enviado una letter of confidence (cuya traducci\u00f3n, parad\u00f3jicamente, ser\u00eda la de una \u201ccarta de retirada de la confianza\u201d) al director del Comit\u00e9 1922, Graham Brady. Este organismo, que en realidad se fund\u00f3 un a\u00f1o m\u00e1s tarde de lo que su nombre indica, agrupa a los diputados conservadores llamados backbenchers (literalmente, los de los esca\u00f1os traseros: aquellos que no ocupan cargo en la estructura del Gobierno y son m\u00e1s libres para decidir su voto). Su direcci\u00f3n, seg\u00fan el estatuto del Partido Conservador, est\u00e1 capacitada para organizar una moci\u00f3n de censura interna contra el l\u00edder y primer ministro del momento.<\/p>\n<p>El mecanismo es el siguiente: Un 15% de los diputados backbenchers debe enviar al comit\u00e9 una carta de retirada de la confianza para que la votaci\u00f3n de moci\u00f3n se active de modo autom\u00e1tico. Actualmente, con 360 diputados conservadores, eso supone 54 cartas. Mientras van llegando, la cifra se mantiene en secreto. Por eso el clima, ante una rebelion interna, tiene algo de misterioso. Nadie es capaz de concretar si las cartas acumuladas no pasan de un pu\u00f1ado o se cuentan ya por decenas.<\/p>\n<p>En la situaci\u00f3n actual, muchos diputados conservadores habr\u00e1n optado por templar su rabia y frenar cualquier decisi\u00f3n, a la espera del informe de Susan Gray. Pero aunque tenga alg\u00fan aspecto positivo para Johnson, dif\u00edcilmente podr\u00e1 servir para que las aguas vuelvan a su cauce si la irritaci\u00f3n de la ciudadan\u00eda se mantiene. La \u00faltima encuesta de YouGov, a principios de la semana, se\u00f1ala que un 56% de los brit\u00e1nicos quiere que Johnnson se vaya. Si finalmente se alcanza la cifra de 54 cartas, la votaci\u00f3n podr\u00eda realizarse a velocidad de v\u00e9rtigo. En el caso de la ex primera ministra Theresa May, el anuncio se realiz\u00f3 el 12 de diciembre de 2018.<\/p>\n<p>El grupo de los euroesc\u00e9pticos intent\u00f3 derribarla para frenar su negociaci\u00f3n del Brexit con la UE, demasiado condesecendiente para ellos. Ese mismo d\u00eda, a partir de las nueve de la noche, el grupo parlamentario estaba votando. 200 parlamentarios respaldaron a May; 117 votaron en su contra. En 1990, con reglas algo diferentes, Margaret Thatcher tambi\u00e9n sobrevivi\u00f3, 204 votos frente a 152, a un desaf\u00edo interno. En ambos casos, las dos primeras ministras tiraron poco despu\u00e9s la toalla al comprobar la fuerte oposici\u00f3n interna a la que se enfrentaban. A pesar de que, seg\u00fan establecen los estatutos, no puede volver a celebrarse una nueva moci\u00f3n de censura interna en los doce meses siguientes. Por eso muchos cr\u00edticos de Johnson incluyen en sus c\u00e1lculos la posibilidad de que el primer ministro pudiera salir m\u00e1s fortalecido del golpe, porque lo que claramente descartan es que dimitiera por voluntad propia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El hist\u00f3rico Comit\u00e9 1922, que dirige el grupo parlamentario conservador, mantiene en secreto el n\u00famero de \u201ccartas de no confianza\u201d que recibe. 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