MIS PININOS POR CARLOS CORTÉS VELÁSQUEZ
La Batalla de Puebla tuvo lugar el 5 de mayo de 1862, después de que Juárez proclamara la suspensión del pago de la deuda externa de México. En ese momento, los países adeudados -España, Inglaterra y Francia- declararon la guerra a México. Sin embargo, Juárez llegó a un acuerdo con España e Inglaterra, pero Francia estaba decidida a invadir. Contra toda expectativa, una victoria inesperada llenó de gloria y honor al pueblo mexicano, quien, por medio del ejército, fue capaz de vencer a las tropas más poderosas de ese entonces: las francesas.
En el siglo XIX, exactamente en la década de los 60’s, la situación de México era crítica, recién se había perdido la mitad del territorio. Y como si eso no hubiera sido suficiente, acababa de suceder la Guerra de Reforma. Debido a esta última, el país estaba dividido entre liberales y conservadores y Benito Juárez había llegado a la presidencia.

Después de la Guerra de Reforma, Benito Juárez llegó a la presidencia en marzo de 1862, pero se dio cuenta de que el país estaba hecho un desastre. Debido a los conflictos, gran parte de México estaba destruida y sumida en la pobreza. Además, 70% de los recursos económicos se iban como depósito al pago de deudas externas que tenía con las tres potencias europeas.
Entonces, Juárez tomó una decisión peligrosa y determinante: México suspendería los pagos para poder reconstruirse, lo que no le hizo ni pizca de gracia a las potencias europeas por lo que, movilizaron a sus mejores tropas hacia nuestro país. Y ya estando en territorio nacional, Juárez invitó a los representantes de esas naciones a dialogar y llegar a un acuerdo.
Por medio del Tratado o Acuerdo de la “Soledad”, España e Inglaterra optaron por retirar a sus tropas. Sin embargo, los franceses decidieron permanecer en el territorio y concretar la invasión.

Comandada por el Conde de Lorencez, comenzó la movilización de las tropas francesas hacia tierras mexicanas. El 27 de abril de 1862 llegaron a Acutzingo, Veracruz, con dirección a la Ciudad de México.
La tensión y olor a derrota eran respirados por el pueblo mexicano y el gobierno de Juárez. El presidente optó por hacer un llamado a sus contrarios, los conservadores, e invitarlos a unirse por la libertad de la Patria. A esta petición respondieron muy pocos, entre ellos el general Miguel Negrete.

Las fuerzas del ejército mexicano se concentraron en las comandadas por los generales: Ignacio Zaragoza, Miguel Negrete y Porfirio Díaz. Sin embargo, es importante señalar que las tropas mexicanas estaban conformadas por voluntarios que, eran, en su mayoría, personas que nunca habían utilizado un arma, es decir, sin instrucción militar alguna. Por otra parte, el ejército francés estaba conformado por veteranos de guerra que habían luchado en guerras tan trascendentales como la de Crimea.
Era evidente, pues, que el ejército mexicano, de creación improvisada, con pocas municiones y artillería vieja, no tenía la más mínima oportunidad contra semejante enemigo. Sin embargo, el peor error de Lorencez, fue dar por sentado que ganarían.

Cuando Lorencez y sus tropas llegaron a Puebla, a sabiendas de que el General Ignacio Zaragoza había fortificado los frentes de la Ciudad, decidió, por mera prepotencia, atacar de frente a las fuerzas mexicanas. Esta fue la razón principal de la derrota francesa y de la victoria mexicana, pues el ardor, el coraje y el valor nacional llegó a tal punto que, cuando los mexicanos se quedaron sin balas, atacaron a machetazos, pedradas y con lo que tuvieran enfrente. Incluso, hubo quiénes utilizaron las balas de cañón para golpear derrotando a sus contrincantes.
Nadie podía creerlo, pero habíamos ganado la guerra. Entonces, Zaragoza mandó una carta al presidente Juárez en la que se leía “Puede ser que ellos sean el mejor ejército del mundo, pero nosotros somos los mejores hijos de México”. Poco tiempo después, Zaragoza murió y la guerra contra Francia continuó hasta 1867, de la cual también salimos victoriosos.

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